La perfección

La perfección es un concepto que parece siempre ha inspirado a la humanidad. Desde la filosofía hasta la ciencia, solemos verla de distintas maneras y como nos percataremos tiene sus pro y sus contras: Una manera es la ideal inalcanzable, que funciona como una estrella polar que nos motiva a mejorar, aunque sepamos que la meta absoluta no existe. Otra es la belleza de lo imperfecto, que la vemos en la cultura japonesa que celebra la asimetría, el desgaste y lo inacabado como expresiones de máxima belleza. Y otra más es como trampa mental, que consiste en la búsqueda obsesiva de la perfección que puede convertirse en un serio obstáculo que nos impide el disfrute y la celebración, a esta manera se le llama “perfeccionismo paralizante”.
Conozco a un amigo que bien cabe en la ultima de las maneras citadas, en la paralizante, que me cuenta que es tal su “manía” que cuando va a un lugar o casa y ve un cuadro o una foto torcida, le provoca enderezarla y en algunos casos lo ha hecho porque no aguante la tentación.
El perfeccionismo no es simple deseo de excelencia, es un rasgo de la personalidad caracterizado por la autoexigencia de estándares extremadamente altos y superiores, que pueden lucir en oportunidades inalcanzables, siempre acompañada de autocrítica muy severa y un miedo intenso al fracaso y al juicio de los demás, importa quienes observan.
Existen tipos de perfeccionismo, cito algunos: El orientado hacia uno mismo, que consiste en establecerse metas no alcanzables para a si mismo castigarse por no cumplirlas, tiene algo de masoquismo. El tipo socialmente prescrito, que surge de la creencia de que los demás exigen perfección generando presión por cumplir expectativas ajenas para ganar aceptación, y por último, el orientado a los demás, que se proyecta hacia el entorno, exigiendo niveles de perfección poco realistas.
El perfeccionismo es posible que en corto plazo produzca impulso para lograr el éxito, pero a largo plazo puede ser contraproducente, son más los contra que los pro.
Convivimos en un mundo y sociedad donde lo normal es la imperfección y ello nos viene por nuestra condición humana falible, débil y errática, “solo Dios es perfecto”. Entonces lo recomendable parece ser, por supuesto en mi opinión, estar en el centro, ni muy allá, ni muy acá, lo que llamo normalidad, para desenvolvernos con cierto desahogo
ANALITICA
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