jueves, 10 de septiembre de 2026

La noche oscura de la política venezolana

 

La noche oscura de la política venezolana

“…cuando no se dejan llevar de la desgana, no hay culpa, sino imperfección que se ha de purgar por la sequedad y aprieto de la noche oscura”.
San Juan de la Cruz

Me reencontré con La Noche Oscura de San Juan de la Cruz, en un retiro que recién terminé llamado “el camino de Emaús”. La noche oscura y el camino parecen encontrarse en la vida de nuestro pueblo, de nuestra gente. Un camino lleno de incertidumbre, vida, sufrimiento, reflexión, búsqueda. Llega un momento en el que tenemos más preguntas que respuestas, pero son esos momentos los que más nos acercan a nuestras verdades.

San Juan de la Cruz escribió una de las imágenes más poderosas de la experiencia humana y espiritual: la noche oscura. No pretendo llegar a sus significados más profundos, pero sí encontrarme con la experiencia de la incertidumbre que contiene el sentido de la transformación. Es el momento en que desaparecen las seguridades conocidas, cuando ya no sirven las antiguas respuestas y la persona debe aprender a caminar sin apoyarse en aquello que antes le daba certeza.

“A oscuras y segura”, escribió San Juan

Pienso que algo de esa experiencia atraviesa hoy al venezolano. Desde las ciencias sociales y políticas, hemos intentado comprenderlo a partir de sus conductas visibles: si protesta o no protesta, si participa o se retrae, si confía o desconfía, si responde con entusiasmo o con silencio. Cuando deja de hacer aquello que esperamos de él, rápidamente aparecen las categorías conocidas: apatía, desconexión, cansancio, despolitización.

Pero estamos mirando solamente la superficie. Después de tantos años de deterioro, violencia política, pérdidas familiares, migración, empobrecimiento y expectativas frustradas, sería extraño que la sociedad venezolana siguiera relacionándose con la política del mismo modo. Lo verdaderamente sorprendente sería que nada hubiese cambiado dentro de ella. Pero sí ha cambiado y hoy somos menos ingenuos.

Hay una diferencia profunda entre haber perdido la esperanza y haber perdido la ingenuidad. Entre no querer nada y no querer volver a creer de cualquier manera. Entre haberse desconectado del país y estar tratando de comprender qué merece nuestra entrega, confianza o sacrificio.

La noche oscura puede ayudarnos a mirar este proceso desde otro lugar. En la primera noche se pierden los consuelos. Aquello que antes movilizaba deja de producir el mismo entusiasmo. Las palabras conocidas ya no conmueven. Los símbolos pierden eficacia. Las promesas ya no bastan.

Algo semejante ocurre en la vida pública venezolana. No necesariamente porque la gente haya dejado de querer libertad, democracia, justicia o cambio, sino porque ha aprendido que ninguna de esas palabras puede sostenerse únicamente como consigna. Hay un liderazgo que ha sabido leer esa transformación y la acompaña.

La segunda noche es todavía más radical. Ya no se pierden solamente los consuelos; se ponen en cuestión las propias maneras de comprender. Las antiguas categorías dejan de ser suficientes.

Ya no basta hablar de elecciones, dirigentes, partidos o estrategias como si allí se agotara la experiencia venezolana. Debajo de la política formal hay una sociedad que ha debido reorganizar su vida, despedir a quienes emigraron, sobrevivir sin instituciones y resolver comunitariamente aquello que el Estado, por diseño, no garantiza.

Esa experiencia produce conocimiento. Las estadísticas pueden medir confianza, expectativas o disposición a participar, pero difícilmente revelan qué significa volver a confiar, cuánto dolor se atraviesa antes de esperar nuevamente o qué hace que participar recupere sentido. Por eso quizá nos equivocamos al interpretar el silencio venezolano como vacío. Puede ser, por el contrario, un espacio lleno de preguntas: ¿qué vale la pena defender?, ¿en quién confiar?, ¿qué estamos dispuestos a entregar?, ¿qué no aceptaremos nunca más?, ¿qué país queremos después de todo lo vivido?

Son preguntas políticas, pero también profundamente humanas. La Venezuela que está emergiendo de esta larga noche oscura no será la misma que entró en ella. Ha aprendido demasiado sobre el poder, el miedo, la fragilidad institucional y la capacidad de sobrevivir sin protección. Pero también ha practicado la solidaridad, vivido familia, comunidad, fe y dignidad.

La reconstrucción del país no podrá venir únicamente desde arriba. No bastará con restablecer instituciones o celebrar elecciones. Habrá que reconocer la transformación de una sociedad que ha enfrentado sus propios límites y que, en los últimos años, ha encontrado un liderazgo capaz de interpretarnos y acompañarnos.

San Juan de la Cruz escribió que, en la noche, el alma avanza “sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía”. Tal vez esa sea una imagen adecuada para Venezuela. La noche oscura no termina cuando desaparece la oscuridad. Termina cuando descubrimos que dentro de nosotros está la luz, somos la garantía del cambio.

El venezolano no está desconectado. Está dejando atrás una forma de relacionarse con la política. Está aprendiendo que la democracia no puede volver a ser solamente una promesa electoral, que la ciudadanía no puede reducirse al voto y que ningún liderazgo puede sustituir nuevamente la responsabilidad personal y comunitaria.

Estamos ante una transformación que interpela a la política. No bastará con cambiar a quienes dominan; habrá que transformar la manera de gobernar, representar, escuchar y construir poder. Quizá salir de esta noche oscura signifique no volver simplemente a la democracia perdida, sino construir una distinta: desde la experiencia de la gente, las comunidades y una ciudadanía menos ingenua, más exigente y consciente de lo que ha costado perderla.

LA GRAN ALDEA

“La rotación de los mismos incapaces”: Gustavo Tarre explica los motivos de su salida del BID y cuestiona la acumulación de cargos de Calixto Ortega

 

“La rotación de los mismos incapaces”: Gustavo Tarre explica los motivos de su salida del BID y cuestiona la acumulación de cargos de Calixto Ortega

En entrevista para el programa Desde La Aldea, Gustavo Tarre Briceño, abogado constitucionalista y exrepresentante de Venezuela ante el BID, aborda su reciente renuncia y ofrece un análisis crítico sobre la situación política y económica de Venezuela a septiembre de 2026

Gustavo Tarre, abogado, profesor y diplomático, confirmó su renuncia a la representación de Venezuela ante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) luego del reconocimiento a Calixto Ortega Sánchez como el nuevo gobernador por Venezuela para el Fondo Monetario Internacional.

“Querían a alguien vinculado a Delcy Rodríguez”.

Esta medida se produjo tras la venia por parte del gobierno de Estados Unidos a Delcy Rodríguez como presidenta interina. Tarre argumenta que su posición se volvió “insostenible», ya que no podía representar a un gobierno que considera “ilegítimo e inconstitucional». Además, confesó que su renuncia se concretó el pasado 24 de junio, mismo día del doble terremoto en Venezuela.

Tarre fue designado por la Asamblea Nacional (2015), durante el gobierno interino de 2019, cuando el BID reconoció a Juan Guaidó como presidente encargado del país.

¿Qué sabe de Calixto Ortega?

“La antipatía es recíproca”, dice Tarre sobre Ortega Sánchez con quien no ha tenido ningún tipo de comunicación para el traspaso de funciones. Sobre su desempeño no tiene mayor información, pero le llama la atención la falta de “gente competente» que parece haber a su alrededor.

“No sé si Calixto es competente o no, pero suponiendo que lo fuera, el problema parecería ser que no tiene gente”, añade.

Otros expertos económicos, como el economista Alejandro Grisanti, también se han referido a la cantidad de cargos que ostenta Ortega Sánchez como una demostración de muy poca capacidad humana por parte del Estado venezolano.

Actualmente el ingeniero y economista está al frente de al menos cinco cargos públicos de alto nivel: presidente del Banco de Venezuela (BDV), vicepresidente sectorial de economía, gobernador ante el Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del Banco Mundial (BM). Todo de forma simultánea 

Además le fue asignada la tarea de levantar recursos a través de los multilaterales para la reconstrucción de Venezuela tras el doble terremoto.

“Es lo que hemos visto en los últimos 15 años, una rotación de los mismos incapaces ocupando los mismos puestos. Lo que revela que no tienen a nadie”, recalca.

Volver a Venezuela

Tarre se encuentra en la actualidad exiliado en España. Durante la entrevista recordó que sobre él se mantiene una orden de captura vigente por —supuestamente—, intentar matar a Nicolás Maduro. Dicha orden no ha sido revocada. “Eso no se me ha olvidado porque por eso tuve que irme de Venezuela”. 

Tarre se planteó la posibilidad de acogerse a la Ley de Amnistía, pero dijo negarse a reconocer a la Asamblea Nacional actual. “Esa ley es un mamotreto”, dice, aunque puede entender “perfectamente” a cualquier preso o perseguido político que haya sido beneficiado por dicha ley.

Todas las veces que no quise estar

 

Todas las veces que no quise estar

A partir de su vivencia personal tras ser víctima de una desaparición forzada y persecución en agosto de 2024, el activista Yendri Velásquez expone cómo la ideación suicida y el deterioro de la salud mental en Venezuela no son fallas individuales, sino una crisis estructural provocada por la represión, la emergencia humanitaria y la falta de garantías del Estado

Recuerdo que el 7 de agosto de 2024 vivimos, en colectivo, una de las olas represivas más feroces del país. Más de dos mil detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y asesinatos en protestas a manos de funcionarios del Estado. El ambiente era de terror absoluto. Un terror que te inmoviliza en aras de poder salvar la vida.

Días antes, yo mismo sufrí una desaparición forzada a manos de la Dirección de Contrainteligencia Militar (Dgcim). Intentaba viajar a Ginebra para participar en un mecanismo de las Naciones Unidas sobre discriminación racial. Jamás me imaginé que terminaría encapuchado y esposado en el asiento trasero de una patrulla de la dictadura, escuchando una canción de terror de fondo.

Regresando a aquel 7 de agosto, cuando ya no me encontraba desaparecido, me resguardaba en una casa de seguridad en Venezuela. Durante el día, una camioneta blanca sin placas permaneció estacionada justo en frente de la casa. En paralelo, me enteré de que una persona de mi equipo estaba retenida en una sede del Saime. La detuvo la Dgcim, el mismo cuerpo represivo que me había secuestrado. A las pocas horas, y con el cuerpo en un estado de alerta indescriptible, me informaron que estaban allanando la vivienda de otro colega activista.

En ese instante pensé: “Yo no voy a poder sobrevivir a esto”,“no quiero pasar por esto”. Fue entonces cuando irrumpió la idea de acabar con mi vida. Quería evitar el sufrimiento de ser nuevamente detenido, torturado o desaparecido. No quería terminar convertido en un nombre más de esa lista donde las víctimas de la dictadura se van volviendo invisibles.

Es estructural, no individual

La ideación suicida no ocurre de forma aislada. Es el resultado de la acumulación de factores de estrés, desesperanza y deterioro psíquico. Según el estudio PsicoData de la UCAB, cerca del 47 % de la población venezolana presenta un nivel de desesperanza entre moderado y alto. Este es uno de los principales predictores clínicos del riesgo suicida.

Este fenómeno se agrava en regiones como los Andes (Mérida, Táchira, Trujillo) y Zulia. Estos registran los índices de desesperanza más elevados (47,2 %), lo cual coincide con las zonas con mayor tasa de suicidios del país, según los registros del Observatorio Venezolano de Violencia.

Asimismo, entre el 37 % y 54 % de las personas reporta experimentar un “miedo difuso” o temor al entorno social. Esto acompañado por un 89 % de desconfianza interpersonal generalizada, registran los hallazgos de PsicoData. Este clima rompe los lazos comunitarios y dificulta que las personas en riesgo busquen ayuda o expresen su malestar emocional.

Esta realidad queda reflejada en las cifras del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), que documentó 6.493 suicidios entre 2022 y 2024. Se trata de un número impactante. Además representa un subregistro provocado por las limitadas capacidades de la sociedad civil y la inexistencia de datos oficiales del Estado. El OVV señala que los picos de conducta suicida están directamente relacionados con el desgaste socioeconómico —derivado de la emergencia humanitaria compleja—, la pérdida del poder adquisitivo y el duelo migratorio. Este último quiebra e invalida las redes de apoyo familiar y afectivo.

El impacto en los NNA

El impacto en niños, niñas y adolescentes (NNA) es igualmente crítico. Datos del Servicio de Atención Psicológica de Cecodap revelan que entre el 20 % y 21 % de los NNA atendidos por alteraciones de ánimo (como depresión o ansiedad) presentan ideación o riesgo suicida explícito.

Entre los principales detonantes se encuentran:

  • Los conflictos sociofamiliares vinculados a la crisis económica (50,7 %)
  • La violencia doméstica
  • El bullying
  • La separación de cuidadores por migración
  • La escasez de medicamentos psiquiátricos

La población LGBTIQ+

Por su parte, la población LGBTIQ+ enfrenta factores de riesgo agravados por la discriminación estructural. Según el informe «Para dejar de ser fantasmas», aproximadamente el 55 % de los hombres trans y hombres bisexuales encuestados registraron el inicio de pensamientos suicidas durante la adolescencia, mientras que en las mujeres trans esta cifra ascendió al 65 %.

El acoso escolar, la violencia intrafamiliar, el rechazo a la orientación sexual e identidad de género y la exposición constante a un entorno hostil y estigmatizante son las causas directas de esta vulnerabilidad.

Opacidad y vacío

Cuando se intenta buscar información sobre los servicios de psicología y psiquiatría de la salud pública, la respuesta estatal es la opacidad y el vacío. No hay datos accesibles ni campañas de prevención en los medios de comunicación controlados por la dictadura. Lo que encontramos, en cambio, es un contexto político, económico y social que profundiza diariamente el sufrimiento de la población. Un entorno que invalida los proyectos de vida y que a la juventud solo le ofrece sobrevivir sobre la base de la desesperanza.

La salud mental en Venezuela no puede entenderse únicamente como un conjunto de traumas o vivencias individuales. Se trata de un problema estructural que exige ser atendido de forma colectiva. Solventar la crisis política y recuperar la democracia tiene un valor existencial para quienes, en más de una ocasión, no quisimos estar más. Sea por el terror a la persecución, el hambre, el dinero que no alcanza o por ver cómo años de trabajo se traducen en pensiones que ni siquiera cubren las medicinas básicas. Todo consecuencia de un proyecto político de control y violación de derechos humanos.

Aunque nuestras historias de vida pueden estar marcadas por el dolor que genera vivir bajo un sistema autoritario, la sociedad venezolana ha dado grandes demostraciones de solidaridad y acompañamiento. Son historias de resistencia ante el dolor, pero que necesitan soluciones, necesitan esperanza y necesitan instituciones presentes que garanticen la dignidad humana.

Hablar de salud mental en Venezuela pasa por denunciar las políticas de violaciones de DD. HH. y por alzar la voz por una cantidad de víctimas de la dictadura a las que no podemos ponerles nombre, ni podemos cuantificar. Por eso, necesariamente, hablar de un proceso de transición tiene que pasar por generar medidas para solventar la crisis estructural y acompañar el dolor individual.

Gracias

Para cerrar, quiero agradecer a las personas que nos han salvado más de una vez. Incluso, sin darse cuenta: las que nos contestan el teléfono en momentos de desborde, las que nos hacen sentir que importamos. Gracias también a las organizaciones que hoy brindan apoyo psicológico y acompañamiento ante un Estado ausente para la protección, pero causante de los principales detonantes de la ideación suicida.

No fue solo el 7 de agosto de 2024. Han sido varias las veces que no quise estar, pero es la misma cantidad de veces que la comunidad me salvó.

Este 10 de septiembre es el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Si necesitas conversar con especialistas, puedes comunicarte por las siguientes vías y acceder a atención gratuita:

  • AVESA (Atención a mujeres, niñas y adolescentes): +58 424-1662220
  • Observatorio Venezolano de Violencias LGBTIQ+: WhatsApp +58 424-2061493 / +58 412-5750503
  • CECODAP (Atención a niños, niñas y adolescentes): WhatsApp +58 414-2696823 / +58 424-2842359
  • Federación Venezolana de Psicólogos: WhatsApp +58 424-2041281

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Las paradojas de una nación libertadora hoy tutelada

 

Las paradojas de una nación libertadora hoy tutelada

Para abordar el tema que nos afecta hoy en nuestro país debemos referirnos a sus antecedentes en nuestro continente. En cuanto al tutelaje América Latina ha conocido dos periodos: el colonial donde el sistema de castas y el control de la Corona española sobre las Indias funcionaron bajo la idea de una tutela paternalista sobre los pueblos indígenas, considerados incapaces de autogobernarse. Cuestión resuelta con las guerras de independencia del siglo XIX donde el Libertador Simón Bolívar junto a otros proceres en el continente desalojaron definitivamente a los ejércitos españoles.

El segundo periodo tuvo su basamento en la Doctrina Monroe (1823): Bajo el lema «América para los americanos», Estados Unidos estableció una esfera de influencia que con los años justificó acciones políticas y económicas, las cuales reconocieron en el siglo XX notorias intervenciones en Cuba, Nicaragua Guatemala, República Dominicana. Destacando los casos de un tutelaje extremo con Nicaragua al ocuparla militarmente durante 2 décadas (1912-1933) y con Cuba con la aplicación de la Enmienda Platt (1901-1933) al establecer desde su fundación a una república neocolonial, controlada militarmente, igualmente a su capacidad financiera y política exterior, estando inserta incluso en su Constitución.

Por tanto, cuando nos adentramos en nuestra historia de 200 años sin tutelaje alguno, abordamos un pasado glorioso de ser una nación cuya acción en el siglo XIX liberó a 5 naciones, siendo su ejército libertador la insignia del nuevo mundo a nivel global, para luego convertirse en el siglo XX con su principal recurso el petróleo, en la principal fuente planetaria de energía ante los conflictos del Medio Oriente. Al mismo tiempo Venezuela era un oasis en una región plagada de dictaduras y de pobreza extrema, al cual migraban millones de desamparados al ver nuestro país como la tierra prometida.

La historia nos tendería una emboscada reconocida bajo las consecuencias de la gestión del régimen chavomadurista, cuyo malvado ejercicio derivó en un país en ruinas, prostituyendo sus instituciones públicas, redujo su economía a nivel de sobrevivencia, generando la precariedad extrema de la población, lo cual conllevó a la estampida de mas de 9 millones de sus habitantes. De esta manera esta nación inerme fue el caldo de cultivo del protectorado implantado hoy en la otrora tierra de gracia.

En tan solo 9 meses de tutelaje resaltan las paradojas de un contexto que destaca una nueva relación de mando, al decidirse desde Washington las fases de reconstrucción nacional, incluso cuando habrá elecciones a los diferentes poderes públicos, aun cuando nuestra constitución establece la soberanía del voto y el control de los bienes nacionales por el Estado.

Así también se negocia nuestro petróleo hasta por 100 años con una compañía fantasma en nombre de la república, que le otorga gratuitamente 35 % de las acciones al país interventor, y le entrega el 20% de la reserva petrolera nacional de aproximadamente 65.000 millones de BD al precio de costo, sin el cobro de regalías e impuestos. Obsequiándole a la dictadura un balón de oxigeno aun cuando utilizaba a lo largo del siglo XXI el petróleo entregando nuestra soberanía como ofrenda a regímenes dictatoriales.

Para colmo de males nuestra patria refleja a un país extraído del realismo mágico, donde a un presidente electo legalmente se califica para apresarlo mediante carteles de “se busca” en aeropuertos nacionales, entre tanto quienes gobiernan están solicitados por la justicia norteamericana con recompensas de 25 millones de $, y quien usurpaba la presidencia permanece preso en Brooklyn bajo recompensa de 50 millones de $ por su captura.

En esa dirección se reconoce como presidenta legitima a una persona que no fue electa ni siquiera para una junta de condominio, aun cuando es la continuidad de una dictadura que ha saqueado al país durante el transcurso del siglo XXI y culpable del apocalipsis que sufre el país, entre tanto se desconoce al ciudadano Edmundo González como presidente electo constitucionalmente en julio 2024 y se limita la presencia  física a la líder de este proceso en el caso de MCM.

Por otra parte, sus ciudadanos son perseguidos y deportados de EEUU, aunque la situación ha empeorado en Venezuela luego de los terremotos del 24/06, limitando al extremo las solicitudes de asilo y suspendiendo la permanencia legal con el TPS. Destacando que estos migrantes han sido abandonados hasta por la oposición que los asimila a un daño colateral para mantener la relación amistosa con el protector.

Esta razzia se extiende a sus ciudadanos a otros países de América Latina, cuyos gobiernos discriminan a nuestros connacionales, aun cuando Venezuela recibió migrantes de todos estos países el siglo pasado, quienes acudían indefensos solicitando protección ante dictaduras en algunos y por la extrema pobreza en otros.

En definitiva, es una mancha, es una humillación a nuestra historia de nación libertadora, lo cual reclama el restablecimiento de nuestro orden constitucional, que se restaure nuestro poder soberano de decidir nuestro destino, ningún país en el mundo tiene la facultad de decidir por nosotros.

El restablecimiento del estado de derecho comienza con el retorno del presidente electo Edmundo González y de MCM, a la cabeza de un gobierno de emergencia nacional, que organice la convocatoria inmediata a elecciones a la Asamblea Nacional y a la presidencia de la República.

Fidel el populista

 

Fidel el populista

Si alguno infamó a la América desde California y el Golfo de México hasta el Cabo de Hornos y, de paso, a parte de Asia, Africa y Europa, fue el déspota cubano Fidel Castro, con su camarilla de latrocinio y opresión.

Tal aseveración la repetí en un reciente foro organizado por el Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo, que preside el recio periodista y mejor amigo, Pedro Corzo.

Fidel fue un populista típico. A esa calaña me referí en mi libro «Decálogo del Populismo», como una alerta sobre un fenómeno deletéreo. Algunas de sus señas de identidad son:

Está personificado en caudillos mesiánicos, adanistas  (alardean de que la historia comienza con ellos), proclaman que el pasado es basura, que si hubo alguien valioso (Jesuscristo, Bolívar, San Martín, Martí, Netzhalcóyotl…) es precursor de ellos, los que se proponen rescatar un mítico pasado glorioso y hacer la patria grande nuevo.

Son mandamases pendencieros, virulentos, patanes, fraccionalistas (practican el formato binario maniqueo de dividir al mundo en buenos y malos: los buenos son los míos, los de mi tribu y los malos el resto de la humanidad).

Son además intolerantes, misóginos, xenófobos, codiciosos, narcisos…

Se aprovechan de la apatía social antipolítica, del patrioterismo excluyente, el acomodo popular al paternalismo, la veneración de la violencia y de la distorsión mediática y digital de concebir la política y, en fin todas las cosas, como espectáculo y frivolidad.

Esos caudillos que se creen omniscientes, impostan extrema seguridad en sí mismos, se creen y actúan como todopoderosos, en verdad y en el fondo son individuos resentidos, desconfiados, temerosos, paranoicos (imaginan que hay una conspiración satánica para impedir que ellos cumplan su misión divina).

El populismo es tan febril y horrísono tanto en la izquierda extrema como en la derecha fanática. Odia el debate consistente y se empeña en la cancelación, la eliminación, de las ideas contrarias y de los ciudadanos que se atreven a sustentarlas.
ANALITICA

Zarpazo a China de acuerdos petroleros venezolanos

 

Zarpazo a China de acuerdos petroleros venezolanos

Una sola y lacónica declaración fue formulada desde Pekin luego del anuncio de Donald Trump de haber suscrito con el gobierno interino venezolano el “mayor acuerdo petrolero de la Historia”. “Los derechos e intereses legítimos de China en Venezuela deben ser salvaguardados”, fue lo que sentenció Guo Jiakun, el portavoz del Ministerio de Exteriores.

Hagamos algo de Historia. China fue particularmente activa en Venezuela en la era de Hugo Chávez. Luego de haber comprometido 60.000 millones de dólares entre 2007 y 2015, la avalancha de sus inversiones y préstamos se desinfló dramáticamente.  Su experiencia en distintos sectores, incluyendo el petrolero, no pudo ser peor: deuda difícil de recuperar, producción colapsada, proyectos inconclusos por desidia o corrupción gubernamental, hiperinflación interna insostenible, tramitaciones y trabas administrativas difíciles de sortear, enorme incertidumbre jurídica además de las sanciones norteamericanas a escala global que desde 2015 afectaron el transporte y el comercio de crudo venezolano.

Hoy, la importancia de Venezuela para China, más allá del imperativo de recuperación de la deuda – la que según algunos analistas puede acercarse a unos 12,000 millones de dólares- no se puede afirmar que es marginal.

En lo petrolero, una  muestra de números gruesos: el semanario Exclusivas Económicas afirma que la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC) quien tiene 40% en la Petrolera Sinovensa, ubicada en la Faja del Orinoco, tiene una producción del orden de 100.000 barriles por día. Y, expertos petroleros en distintos medios consultados, ubican en más de 2.600 millones de dólares el conjunto de inversiones chinas en suelo venezolano.

Así pues, Venezuela no es hoy, sin duda, el más importante de los enclaves chinos ni el país donde se asiente su mayor influencia en el espacio al sur del Rio Grande. Lo que su presencia sí reviste es un carácter estratégico.

En las dos últimas décadas China ha estructurado, mantenido y cultivado una actividad muy significativa en 13 países del subcontinente. Toda una red de comercio, infraestructura, financiación, minería, energía, puertos, telecomunicaciones vehículos y materias primas dan cuenta, a esta fecha, de su proactiva inserción regional.

Con los acuerdos puestos en marcha en Venezuela, Donald Trump no parece estar pensando solamente en recuperar el petróleo venezolano para empresas estadounidenses. Washington está haciendo evidente su interés de impulsar una dimensión explícitamente geopolítica que es la de reordenar el espacio latinoamericano y reducir o desplazar la penetración de China y Rusia.

No estamos, pues, frente a un altercado diplomático de poca significación. Lo que el gigante asiático está poniendo de relieve es que sus actividades económicas legítimas deben ser respetadas. Pekín no es, por tradición, proclive a la agresión frontal, pero en este caso está siendo asertiva en señalar un límite sin tener que poner de por medio un aviso preventivo.

Si Estados Unidos demuestra poder utilizar su poder político para reemplazar presencia china en un país latinoamericano, como en el caso de Venezuela, Beijing debe preguntarse si ese modelo podría reproducirse en otros lugares donde tiene relevante presencia como en Perú, Brasil, Argentina, Ecuador,  Bolivia, Chile y Colombia. La diatriba para China es simple: el episodio venezolano apunta a convertirse -junto con el caso Panamá- en la evidencia de que cuando Estados Unidos intenta recuperar influencia política sobre un país latinoamericano, las inversiones chinas existentes quedan sometidas a su revisión.

ANALITICA

China no está defendiendo solo el valor económico de sus inversiones en Venezuela. Está preservando el valor sistémico de sus inversiones en nuestra región. Todo un nuevo frente de la rivalidad Washington–Beijing se está poniendo sobre el tapete: la disputa por la influencia económica en América Latina. La moderación de la reacción china obedece a una clara estrategia de contención. Venezuela es demasiado poco importante para China como para provocar una confrontación con Estados Unidos, pero es suficientemente importante como para que Beijing no quiera que Washington convierta su caso en un precedente.

Toca preguntarse lo que Pekin hará cuando Washington empiece a cuestionar inversiones chinas en países donde sí están en juego activos de decenas de miles de millones de dólares y cadenas de suministro verdaderamente estratégicas.

Cuando la toga se arrodilla

 

Cuando la toga se arrodilla

“Cuando la ley ya no te protege de los corruptos, sino que protege a los corruptos de ti, sabes que la nación está condenada”. Ayn Rand

La Justicia, en su concepción platónica, es una virtud. En la Argentina, en cambio, se ha convertido demasiadas veces en una variable de ajuste político. Cuando los ciudadanos comienzan a sospechar que una misma ley puede tener distinto significado según quién sea el acusado, quién la víctima o qué intereses estén en juego, ya no estamos ante una simple deficiencia del servicio de Justicia: estamos ante una enfermedad de la República. La Corte Suprema, como cabeza del Poder Judicial, tiene la obligación de percibir el enorme desprestigio que éste ha acumulado ante una ciudadanía que contempla, entre inerme y resignada, el manto de impunidad que demasiados jueces y camaristas federales tienden sobre los poderosos — sean empresarios, políticos o dirigentes de la AFA — termina preguntándose si existe realmente una Justicia igual para todos.

Y esa pregunta es devastadora. No hay República posible cuando el ciudadano común siente que la ley cae sobre él con todo su peso mientras se vuelve maleable cuando llega a los despachos donde se deciden los destinos de los poderosos. No me refiero solamente a la proverbial lentitud de nuestros tribunales. El problema es más profundo: la percepción de que los tiempos, las interpretaciones y hasta las competencias judiciales pueden modificarse según las circunstancias. Hay causas que duermen durante décadas y otras que de pronto adquieren una velocidad sorprendente. Hay decisiones que parecen definitivas hasta que cambia el escenario político y jueces que sostienen una interpretación para luego encontrar argumentos para sostener exactamente la contraria.

El propio diseño constitucional atribuyó al Consejo de la Magistratura la selección mediante concursos públicos, cuya terna es elevada luego al Poder Ejecutivo. El problema aparece cuando los mecanismos destinados a garantizar el mérito se convierten en terrenos fértiles para la discrecionalidad, las negociaciones y los favoritismos. La alteración de órdenes de mérito, las sospechas sobre concursos, las designaciones y subrogancias y el peso de las relaciones personales alimentan una percepción particularmente dañina: que para llegar a determinados cargos judiciales no siempre alcanza con ser el mejor. Y, si esa percepción se instala, la toga pierde autoridad antes incluso de que su titular dicte su primera sentencia.

Por eso resulta auspicioso que la propia Corte haya intentado recientemente corregir algunos de estos defectos. En marzo presentó un proyecto de reglamento para los concursos de magistrados destinado a reforzar la idoneidad y el mérito, reducir la discrecionalidad, garantizar el anonimato de las pruebas de oposición y establecer reglas más claras para las entrevistas personales. Es un paso en la dirección correcta. Pero una reforma reglamentaria no será suficiente si quienes deben aplicarla siguen sometidos a los mismos incentivos políticos que han deteriorado el sistema.

La causa relacionada con el ingreso de los Eskenazi a YPF, iniciada en 2006 y dormida desde entonces en el despacho del inefable Juez Ariel Lijo es un ejemplo de cómo el paso del tiempo se convierte en impunidad. Pero también preocupa la volatilidad de algunos criterios judiciales. Lo ocurrido recientemente con los jueces de Casación Diego Barroetaveña y Mariano Borinsky, al dar marcha atrás sobre sus propios criterios y disponer que la causa relacionada con la denominada “quinta de la AFA” sea instruida por el Juzgado Federal de Campana, como pretendían los imputados, vuelve a plantear una pregunta elemental: ¿qué principios permanecen inalterables cuando cambian las circunstancias? No se trata de exigir que los jueces jamás modifiquen sus decisiones; sería absurdo: pueden equivocarse y corregir sus errores. Lo que la sociedad no puede aceptar es que la coherencia jurídica parezca depender del viento político.

Existe, además, un problema mucho más doloroso. Los jueces y camaristas que intervienen en causas por delitos de lesa humanidad tienen una enorme responsabilidad respecto de las condiciones de detención de personas de edad avanzada que, en muchos casos, padecen enfermedades graves. El fallecimiento de más de mil detenidos durante los últimos años, y las condiciones en que muchos atravesaron sus últimos días, demuestra que el Estado argentino no ha cumplido sus obligaciones constitucionales. Un Estado de Derecho no puede convertirse en un Estado de venganza, y quienes administran justicia también están sometidos a la ley.

Aquí aparece el problema esencial: la captura de la toga. No hablo solamente de corrupción, que debe ser castigada con todo rigor, sino de algo más sutil y peligroso: la progresiva identificación de determinados magistrados con intereses del poder político, económico o corporativo. Un juez no debe ser amigo ni enemigo del Gobierno, ser oficialista ni opositor, buscar el aplauso de los medios ni de las redes sociales. Mucho menos debe preguntarse qué consecuencias políticas tendrá una sentencia antes de decidir conforme al derecho. Su obligación es sencilla y difícil: aplicar la ley. A veces esa decisión favorecerá al Gobierno y otras lo perjudicará, beneficiará a un empresario y otras lo condenará; puede proteger a un dirigente político o terminar con él en prisión. Eso es precisamente la independencia judicial. La verdadera independencia no consiste en que los jueces sean independientes cuando nadie los contradice, sino en que puedan ser impopulares sin miedo cuando la Constitución y la ley así lo exigen.

La Argentina necesita jueces que comprendan que su legitimidad no nace de su proximidad con el poder, sino de su capacidad para resistirlo. Necesita concursos transparentes, órdenes de mérito respetados, antecedentes evaluados con rigor, reglas previsibles y decisiones fundadas. Necesita una Justicia veloz, porque una Justicia tardía muchas veces equivale a una Justicia denegada. Y, sobre todo, una Justicia que no tenga miedo de equivocarse contra el poder.

La seguridad jurídica no es una abstracción. Es la certeza de que las reglas serán las mismas para todos: que un contrato será respetado, una inversión tendrá protección, una empresa no dependerá de una decisión arbitraria, un ciudadano podrá reclamar contra el Estado y un poderoso podrá ser condenado si viola la ley. Sin esa certeza no habrá inversiones genuinas, crédito, crecimiento sostenible ni trabajo registrado y bien remunerado. La Argentina ya ha demostrado una extraordinaria capacidad para destruir su moneda, su ahorro, sus empresas y sus oportunidades. Es imperdonable que haya destruido también la confianza en la Justicia.

Por eso, ésta es una carta abierta a los ministros de la Corte. No les pedimos que sean héroes sino algo mucho más elemental: que sean jueces. Que recuerden que la toga no es un escudo para proteger privilegios, sino una carga que obliga a soportar presiones. Que comprendan que la independencia judicial no se declama: se ejerce. Y que sepan que, cuando un juez se atreve a aplicar la ley aún contra el poder, quizá pierda amigos, titulares y aplausos, pero gana algo infinitamente más importante: la República.

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