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jueves, 19 de febrero de 2015

Se llamaba Vitelio Reyes

Se llamaba Vitelio Reyes

El hombre del lápiz rojo dirigió la Junta de Censura del dictador Pérez Jiménez, en cuyo nombre visitaba día a día las redacciones de los diarios con el fin de suprimir las noticias que pudiesen dañar la imagen del régimen

GIOCONDA SAN BLAS
http://noticiasdenuevaesparta.blogspot.com/
Dictador Marcos Perez Jimenez, Venezuela


Vitelio, "el hombre del lápiz rojo". Con aires de intelectual (había escrito libros, entre ellos Mi defensa ante el tribunal de la historia), el personaje de marras dirigió la Junta de Censura del dictador Marcos Pérez Jiménez, en cuyo nombre visitaba día a día las redacciones de los diarios con el fin de suprimir aquellas noticias que pudiesen dañar la imagen del régimen.
Se creaba así una fantasía de paz social que algunos abuelos rememoran como "aquella época cuando podíamos dormir con las puertas abiertas", mientras las cárceles y los campos de concentración se llenaban de presos políticos y muerte, en ausencia de registro documental.
Pero, claro, el tiempo ha pasado y los progresos en derechos humanos, tecnología y comunicaciones hacen más difícil esconder los pecados totalitarios. De manera que Vitelio también se ha remozado.
Ahora usa la Ley Resorte, el Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria, la resolución 8610 y otros instrumentos del mismo corte, violatorios de la Constitución vigente, y diseñados para perseguir a quien ose expresar una idea contraria al régimen. A lo que se suma la aplicación de multas judiciales impagables a los medios, por causas nimias.
También Vitelio controla la distribución del papel requerido para la impresión de periódicos, antes expropió y ahora compra medios impresos y audiovisuales hostiles a través de testaferros, amenaza a empresas para impedir la inserción de avisos en diarios opositores, todo ello para quebrarlos financieramente y así hegemonizar el pensamiento único.
De todo eso da cuenta el "Estudio 2014: Censura y Autocensura en periodistas y medios de comunicación de Venezuela", del IPYS Venezuela. Y de todo eso dan fe los directivos y el personal de TalCual, que sin flaquear a lo largo de 14 años han sufrido presiones de todo tipo, violatorias de la libertad de expresión.
Coacciones también ejercidas sobre investigadores científicos cuando éstos revelan datos sobre nuestra realidad nacional, que el régimen oculta en aras de imponer un discurso oficial de falso bienestar ciudadano.
Con dignidad, Petkoff y su equipo se han rebelado también contra ese otro mecanismo perverso, la autocensura, que por temor ha arrastrado a demasiados medios e individuos a claudicar su fe en los valores de la libertad y la democracia.
El próximo 27 de febrero TalCual cerrará su edición impresa diaria para reducirse a un semanario y una edición digital, víctima del acoso sistemático del régimen.
Allí nos reencontraremos. Queda para la historia del periodismo nacional su orgullosa integridad frente al totalitarismo en boga.
Cuando las crónicas de esta oscura época se cuenten, los nombres de Teodoro y sus compañeros servirán de faro para las generaciones futuras, que deberán aprender de las experiencias actuales para evitar ser arrastradas también ellas a una ruina ética y espiritual contraria a nuestros ideales libertarios.

TALCUAL DIGITAL, 19 DE FEBRERO DE 2015.
 gioconda.sanblas@gmail.com

viernes, 6 de febrero de 2015

Carta del Dictador Fidel Castro a Carlos Andrés Pérez por el Golpe del 4 de febrero de 1992

Carta del Dictador Fidel Castro a Carlos Andrés Pérez por el Golpe del 4 de febrero de 1992


El dictador Fidel Castro, como puede apreciarse en el siguiente mensaje histórico, no estuvo de acuerdo con el golpe que su después soldado, el teniente coronel (r) Hugo Chávez Frías, el tirano que murió de maldad, dio contra el presidente constitucional Carlos Andrés Pérez.

martes, 20 de mayo de 2014

Parias

La muerte de Chávez fue como el final de un teleculebrón. Había nombrado sucesor a Nicolás Maduro y le dejó además la herencia de un país arruinado
Paulina Gamus EL PAÍS, MADRID, 19 MAY 2014 - 01:24 CET

La primera vez que viaje a Nueva York en 1956, alguien me preguntó de dónde era.  De Venezuela respondí con cierto dejo de orgullo y el interlocutor quiso saber si conocía a unos familiares suyos que vivían en Buenos Aires. La primera vez que fui a Brasil en 1962, un peluquero al saber mi nacionalidad me preguntó si Venezuela quedaba en Centro América. Su ignorancia me dejó sin palabras, ¿jamás le enseñaron en la escuela que Brasil y Venezuela son países limítrofes? La primera vez que fui a Europa en 1966, a mis hermanas y a mí nos horrorizaba que el papel higiénico en nuestro hotel de París, estuviera representado por unos lamentables cuadritos de papel de los que había que usar decenas para que cumplieran su cometido. En los restaurantes y cafeterías los mismos cuadritos pero de un papel encerado incapaz de la más mínima absorción. En las Casas de Cambio figuraba -debajo del franco suizo, la libra esterlina, el dólar norteamericano y el canadiense- el bolívar, nuestro fuerte y duro bolívar con un poder adquisitivo mucho mayor que el del franco francés, la peseta española y la lira italiana. A partir de 1974 y hasta el 18 de febrero de 1983 el nombre de Venezuela fue sinónimo universal de riqueza petrolera. Por las calles de París, Roma o Madrid se paseaban venezolanos cuyas profesiones eran mesoneros, choferes de taxi, obreros especializados, peluqueros, es decir, personas que de no vivir y trabajar en la Venezuela rebosante de petrodólares, jamás habrían podido hacer otro turismo que no fuera el nacional y eso a duras penas. ¿Y Miami?, aquello fue la locura. Los venezolanos salíamos del país con tres o cuatro maletas vacías que nunca alcanzaban para guardar allí todas las compras. Entonces volvíamos con enormes peluches, cajas, bolsos y maletines que impedían el libre tránsito de pasajeros y tripulación por los pasillos de las aeronaves. Fuimos apodados los “tabaratos” por la conseja de que al llegar a las tiendas y saber el precio de cualquier cosa, decíamos: “ta´ barato, dame dos”. Los venezolanos nos quejábamos de la ordinariez de los venezolanos; para los de cierto nivel cultural y socieconómico resultaba ofensivo aquel igualitarismo y sobre todo la arrogancia y vulgaridad que exhibían los dispendiosos nuevos ricos.
El viernes 18 de febrero, acertadamente llamado el Viernes Negro, ocurrió el duro despertar. A Las clases medias les pasó lo mismo que en La Fiesta, de Joan Manuel Serrat: con la resaca a cuestas volvió el pobre a su pobreza y el rico a su riqueza. El festín petrolero había hecho olvidar por unos años que cada uno es cada cual. Ese despertar a la realidad fue el germen de la antipolítica, los partidos y sus dirigentes eran los culpables del desplome de una clase media profesional que vivía como los ricos de otros países. Una pareja de profesores universitarios que pasaba su año sabático en Madrid en aquellos tiempos de bonanza, recibió en diciembre un cheque por diez mil dólares como bonificación de fin de año. Cuando el cajero del banco preguntó el origen de aquella pequeña fortuna para los esquemas españoles del momento y supo que los beneficiarios eran apenas profesores, les dijo ofendido que no se burlaran de él. Fueron (y son) justamente los educadores quienes luego del Viernes Negro, descendieron a lo más bajo en la escala de salarios de todo el continente, con excepción quizá de Cuba y Haití. En 1988, más del 50% de los electores venezolanos le dio su voto a Carlos Andrés Pérez con la esperanza del retorno a la Venezuela saudita que él inauguró en 1974. Pero el Caracazo y la terapia de shock aplicada a la economía, marcaron el derrumbe del sistema democrático. El nombre de Venezuela apareció en los medios de comunicación internacionales asociado a los saqueos y muertes del Caracazo en febrero de 1989, y a los fracasados golpes militares de Chávez en febrero de 1992 y de otro grupo de aventureros en noviembre de ese mismo año.
La llegada de Hugo Chávez al poder, en febrero de 1999, fue como un cataclismo que hizo de Venezuela un país de lo más popular. Aquel exgolpista que había logrado el poder mediante los votos, inició la destrucción de todas las instituciones garantes de la democracia y se hizo unas a su medida. Eso no habría sido noticia si el exgolpista no hubiese decidido transformarse en el enfant terrible del tropicalismo caribeño. El que visitó a Sadam Hussein de Irak sometido a cuarentena por la comunidad internacional, el que besó a la reina Sofía de España, le dio palmaditas en el hombro al Emperador de Japón y casi abraza y besa a la reina Elizabeth de Inglaterra si no lo hubiese impedido la rápida intervención de uno de sus guardianes. El que enloqueció con la renta petrolera más alta en la historia de Venezuela y empezó a repartir dinero a manos llenas por el mundo, el que se transformó en el soporte financiero de la Cuba castrocomunista en primer lugar, y de otros países de la América, el que expropiaba empresas transnacionales sin indemnizarlas, el que se autoproclamó como presidente de los pobres. Para los venezolanos comenzó a ser una tortura viajar a cualquier país y encontrarse con taxistas, mesoneros o dependientes de tiendas que al saber nuestra nacionalidad hablaban de Chávez como el redentor de los pobres del mundo. Entonces murió Chávez y fue, como correspondía al personaje, un final de teleculebrón. Había nombrado sucesor a Nicolás Maduro y le dejó además la herencia de un país arruinado, con juicios internacionales por miles de millones de dólares que está encaminado a perder; con las líneas aéreas abandonando el mercado venezolano por una deuda impagada de más de 4.000 millones de dólares; con todas las industrias de alimentos y medicinas al borde del cierre por deudas con proveedores del Exterior que no pueden honrar; con las ensambladoras de automóviles poniendo fin a sus operaciones; con el instituto nacional de correos -IPOSTEL- anunciado que suspende sus envíos al exterior porque está colapsado. La situación recuerda una anécdota de la crisis económica española de mediados del siglo XIX: un acreedor desesperado por cobrar la deuda que tenía el gobierno con él le dijo a Ramón María Narváez, Presidente del Consejo de Ministros:
-España cuenta con hombres insignes, como Cristóbal Colón, que descubrió América. ¿Por qué nadie del gobierno descubre la manera de pagarnos?
Narváez le contestó:
-Mire usted, Colón descubrió América porque había una América que descubrir; nosotros no podemos descubrir dinero porque no lo hay.
No son las deudas impagables lo único que nos hace conocidísimos: Venezuela está entre los países más corruptos del mundo y entre los primeros en muertes por violencia criminal. Supimos que la Organización Mundial de la Salud nos ubica entre los primeros consumidores de alcohol y que el narcotráfico colombiano ha desplazado sus operaciones a nuestro país. Esto último ocurre dentro de la mayor impunidad mientras los cuerpos policiales, la Guardia Nacional y los paramilitares al servicio del gobierno, disparan contra estudiantes y vecinos que protestan, los asesinan, espían, encarcelan, golpean y torturan. Uno de los elogios que incluso opositores le hacían a Hugo Chávez fue que éste logró ubicar el nombre de Venezuela en el mapa mundial. La verdad es que -gracias a ese esfuerzo suyo- hoy da gusto ser venezolano.

martes, 13 de mayo de 2014

Bolívar Deconstruido

Bolívar Deconstruído
Muere Chávez y queda Maduro, mucho más sumiso en su entrega a los dictadores cubanos
Paulina Gamus, El Pais, 12 de mayo de 2014

Con mucha razón se llama Culto a la devoción natural, inducida u obligatoria de los venezolanos por Simón Bolívar. La cosa comenzó con el general José Antonio Páez ya erigido en dictador, cuando decide repatriar los restos mortales de El Libertador en 1842. Ordenó que los empleados públicos llevasen luto por ocho días y que se colocaran estatuas del héroe en diferentes sitios públicos. Lo curioso del asunto es que fue el mismo Páez quien lideró La Cosiata, movimiento separatista de la Gran Colombia, lo que se asumió como una traición a Bolívar. Según algunos historiadores, el motivo real de tanto homenaje fue un temor profundamente religioso al castigo divino por destruir el sueño del hombre que, a lomo de caballo, liberó cinco naciones del yugo español. El temor al parecer subsiste y es mucho más marcado en los dictadores que en los gobernantes democráticos.
A partir de aquel diciembre de 1842, el nombre de Bolívar y su presencia nos inunda. Se llama así nuestra moneda que para afrenta al Padre de la Patria, es cada vez de valor más escaso. Quienes mayor culto han rendido al epónimo, son los mismos que la han ido devaluando hasta transformarla en una partícula del dólar americano y en un microorganismo del euro. El centro de todas las ciudades y pueblos de Venezuela se reconoce porque hay una estatua ecuestre de Bolívar y si el pueblo es pequeño y pobre, entonces un busto de bronce colocado sobre un pedestal de piedra. La plaza, obviamente, se llama Bolívar. El país está lleno de avenidas, calles, liceos, escuelas y hospitales que llevan el apellido Bolívar a secas o acompañado del nombre de pila Simón. Hay un Estado suroriental llamado Bolívar bastante rico en hierro, diamantes, oro, energía hidráulica y otros dones de la naturaleza y de su aprovechamiento por el hombre. Así fue hasta que los gobernantes más bolivarianos de todos los tiempos, lo hundieron en una ruina similar a la del resto del país. Una de las mejores universidades de Venezuela es la Simón Bolívar que a duras penas sobrevive al odio que la revolución bolivariana siente por la autonomía universitaria y por los institutos de educación superior, en general. En las últimas semanas los colectivos o bandas armadas del gobierno de Nicolás Maduro, han incendiado 18 universidades y han incursionado varias veces en la más importante del país, la Central, en Caracas, destruyendo bibliotecas, aulas e instrumentos de enseñanza. Como Chávez no pudo soportar el rechazo mayoritario que los estudiantes y el profesorado de todas las universidades del país le manifestaban, creó una universidad, no faltaba más ¡Bolivariana!. La orden del caudillo supra planetario e inmortal, fue que esa universidad graduara médicos, abogados y otros profesionales en solo tres años. Es muy probable que un abogado ignorante e inepto haga encerrar a su cliente pero un mal médico sin lugar a dudas lo entierra. Uno de mis seguidores en Facebook escribe en su perfil: "egresado de la Universidad BOLIBARIANA". ¿Qué más podríamos agregar?
Cuando Hugo Chávez se reveló como el más bolivariano de todos los gobernantes del país, incluido José Antonio Páez, dio el primer paso de su paroxismo cambiándole el nombre a Venezuela por República Bolivariana. Pero había algo, una piedra en el zapato que lo atormentaba. Simón Bolívar no era solo Simón Bolívar, era Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Ponte Palacios y Blanco. Cuatro apellidos y todos de abolengo en un país en el que probablemente la mitad de sus habitantes apenas tiene uno. ¿Como podría un gobierno revolucionario que derrumbó las estatuas de Cristóbal Colón porque su llegada a la América causó el genocidio indígena, aceptar que Simón Bolívar era de ascendencia absolutamente española y además criollo y mantuano, lo que significaba que era de la elite dominante y blanca? ¿Cómo digerir en un país donde según la conseja popular, quien no lanza flechas toca tambor en alusión a la mezcla étnica que se produjo con la llegada de los esclavos africanos, que la familia Bolívar exhibía lo que en esos tiempos se llamaba pureza de sangre? Chávez era, como el mismo lo pregonaba, de origen zambo, es decir, mezcla de indio y negro pero en su caso con un toque de blanco. Y al mismo tiempo Chávez era hijo (aunque putativo) de Bolívar y estaba a punto de convertirse en Bolívar mismo. Se presentaba pues una complicación con los orígenes del héroe libertador.
Entonces procedieron a lo que bien podríamos llamar la deconstrucción del Simón Bolívar histórico. Ya no habría nacido en Caracas, en el centro de la ciudad y en una casona que milagrosamente sobrevive a la locura urbanística que destruyó toda nuestra herencia arquitectónica. Bolívar nació en Barlovento, tierra emblemática de la negritud venezolana. Nadie explica qué hacía la señora Palacios y Blanco de Bolívar y Ponte, una dama de salud precaria y además embarazada, en tierras de sol ardiente y sin aire acondicionado. El hecho es que para la revolución que no podía ser otra cosa que bolivariana, doña Concepción no tuvo más remedio que parir allá. Ese extraño acontecimiento podría sugerir que la mamá del futuro Libertador dio un mal paso y que quizá el papá del niño Simón no era don Juan Vicente Bolívar y Ponte, sino algún esclavo de la familia. Nadie lo dijo pero ese posible adulterio habría sido la venganza de doña Concepción contra su marido, un obseso sexual que fue expulsado del pueblo de San Mateo en el Estado Aragua, por haber violado a cuanta niña aparecía ante sus ojos. Una vez planteada esta duda subliminal sobre la paternidad de don Juan Vicente Bolívar, vino otro paso: cambiar la imagen de El Libertador plasmada en infinidad de pinturas de su época y copiada en retratos, estatuas y en lo más cotidiano y manoseado por el colectivo, la moneda. Entonces una misión con disfraces de astronautas encabezada por el mismo Chávez, procedió a remover los restos mortales del prócer y a reconstruir por medios digitales su “verdadera imagen” . El resultado fue un señor de facciones más cercanas al hombre de Cromagnon que a las de un mestizo de estas tierras. Enseguida devino la obligatoriedad de cambiar los retratos de El Libertador imprescindibles en toda dependencia oficial, por los que representan a ese Bolívar de dudosa filiación.
Muere Chávez y queda Maduro, mucho más sumiso en su entrega a los dictadores cubanos. A él le correspondió colocar la guinda que le faltaba a la torta histórica: justificar la presencia hegemónica de Fidel y Raúl Castro en Venezuela. Según los nuevos libros de historia hechos en socialismo, una nodriza cubana amiga de doña Concepción, se encargó de darle de mamar al recién nacido Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Ponte Palacios y Blanco. No se explica como la aristocrática mamá del futuro héroe tenía amistad con nodrizas y menos cubanas. ¿Cómo y cuándo llegó esa señora con sus pechos cargados de leche a Caracas o a Barlovento, según el cuento que se quiera creer? ¿Cuánto duraba la travesía de la isla antillana a Venezuela para que la nodriza llegara a tiempo de cumplir su cometido? O bien, ¿qué hacía una nodriza cubana en Caracas cuando aún no existía Fidel Castro y no se había producido la anexión de Venezuela a Cuba? Para no desairar al sector afrodescendiente del pueblo venezolano, la cubana le dio de sus pechos al niño Simón por unos días y luego dejó encargada de la misión láctea a la Negra Hipólita, la nodriza que todos conocemos. Todos es un decir, porque si este batiburrillo de revolución bolivariana continúa, los niños que hoy estudian la primaria en las escuelas del país saldrán imbuidos de esa patraña oficialista que se ha tragado la verdadera historia, la genuina, la de siempre, la nuestra.

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