Índice y decálogo de los países desdichados
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| Bloomberg Business reveló recientemente que Venezuela es el país más "miserable" del mundo. |
Bloomberg Business reveló recientemente que Venezuela es el país más "miserable" del mundo. La traducción es demasiado literal. En español sería más apropiado decir que es el más "desdichado".
EL DIARIO EXTERIOR.COM, 7 marzo 2015
Carlos Alberto Montaner
La aseveración de Bloomberg surge de la aplicación de una
simple fórmula acuñada hace más de medio siglo por el economista norteamericano
Arthur Okun: se suman el nivel de desempleo y el índice de precios. Con esos
elementos se compila el “Misery Index”.
Venezuela, en efecto, tiene la inflación más alta del
planeta, lo que se refleja en el índice de precios, pero su nivel de desempleo
es bajo: menos de un 7%, aunque la mayor parte de los puestos de trabajo han
surgido en el sector público, dado que miles de empresas han debido cerrar sus
puertas por las desquiciadas medidas antieconómicas del gobierno chavista.
El segundo país en ese “Índice de Desdicha” es Argentina. A
una escala menor, el gran país sudamericano también es víctima de una altísima
inflación. Nada nuevo bajo el sol. Lleva décadas de intermitentes malos
gobiernos. Como el bandoneón que tanto gusta en aquellos parajes, se expande o
contrae frecuentemente. Ahora está en una fase aguda de contracción.
La inflación y el desempleo son dos flagelos que explican la
desgracia de una sociedad, pero no son suficientes. Yo agregaría otros ocho
factores para construir el decálogo de las desdichas capitales.
El desabastecimiento sería el tercero. Pasarse la vida en
una fila esperando para poder comprar algo es una maldición que suele
materializarse en los países socialistas de economía centralizada y controles
de precios. Los venezolanos ya han descubierto el horror de pelearse a
puñetazos por comprar unos pollos o tres rollos de papel higiénico.
El cuarto sería el porcentaje de delitos. Es espantoso vivir
con la guardia en alto, encerrado en la propia casa, sometido a un virtual
toque de queda porque tan pronto se pone el sol los ladrones, asesinos y
violadores salen a cometer sus fechorías. Según el InternationalCrime Index,
que computa una docena de graves violaciones de la ley, Venezuela es el segundo
país del planeta en número de delitos (84.07). El peor es Sudán del Sur
(85.32), un país recién estrenado en medio de una guerra civil. Más de 50 se
considera una sociedad peligrosa. Singapur, la menos peligrosa: 17.59.
El quinto es el nivel de corrupción de la administración
pública. Como se trata de delitos ocultos, hay que confiar en la opinión
general de la gente. La institución dedicada a medir estas percepciones esTransparencia
Internacional. De acuerdo con ella, Venezuela es una pocilga. Es el 160 de 175
países escrutados. El peor, con mucho, de Hispanoamérica.
El sexto es la protección y la calidad de la justicia. Si
cuando usted tiembla, llama a la policía para que lo proteja, es una buena
señal. Si cuando la policía se acerca, usted tiembla, la situación es muy
grave. A la labor de los agentes del orden se agrega la existencia de leyes
razonables, jueces justos, procesos rápidos y cero impunidad.
El séptimo es la movilidad social. La posibilidad real de
mejorar la calidad de vida por medio del esfuerzo propio. No hay situación más
triste que saber que, hagas lo que hagas, tu vida seguirá siendo pobre, y lo
más probable es que mañana será peor que hoy.
El octavo es el PIB per cápita. Es decir, la suma del valor
de los bienes y servicios producidos por una sociedad durante un año. Se podrá
alegar que la repartición es desigual, pero hay una evidente correlación entre
el PIB per cápita y la calidad de vida. Como regla general, los 20 países con
mayor PIB per cápita del mundo son los que encabezan el Índice de
Desarrollo Humano que publica la ONU.
El noveno elemento es la libertad. Aunque no se menciona,
los países menos libres, aquellos en los que la camarilla del poder toma todas
las decisiones, aporta todas las ideas e impone sus dogmas por la fuerza, son
los más pobres y los menos dichosos.
El décimo, por último, es la cantidad de emigrantes. No hay
síntoma más elocuente del fracaso de una sociedad que el porcentaje de gente
que tiene que escapar de ella para sobrevivir. Mientras más educada es la
emigración –como sucede con la venezolana—más evidente es el desastre. Cuando
emigran los emprendedores, los ingenieros, los médicos, las personas que teóricamente
pudieran labrarse un buen porvenir en la patria en que nacieron, es la señal de
que estamos ante sociedades fallidas.
Hay que compilar ese índice. Cruzar esas variables sería muy
útil.
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CAM es periodista y escritor. Su último libro es la novela "Tiempo
de Canallas".
