domingo, 4 de octubre de 2026

Departamento de Estado ratifica que desconoce a Maduro como presidente de la República

 

Departamento de Estado ratifica que desconoce a Maduro como presidente de la República

La Fiscalía se negó a desestimar el caso por inmunidad por lo tanto el proceso continúa

Una declaración del Departamento de Estado, que acompañó a la acción de la Fiscalía en el caso de Nicolás Maduro ratifica que lo desconoce como presidente de la República de Venezuela y a Cilia Flores como la primera dama del país.

Tras esta declaración oficial del Departamento de Estado, la Fiscalía sostiene que Estados Unidos “no reconoce a Maduro Moros como presidente de Venezuela o a Flores de Maduro como primera dama de Venezuela desde el 2019”, luego de las “fraudulentas elecciones presidenciales orquestadas por Maduro Moros en 2018”, divulgó el abogado venezolano Nizar El Fakih en su cuenta de X.

Nizar El Fakih ha seguido de cerca el proceso que se le sigue en Nueva York al expresidente venezolano, quien fue extraído de Caracas por fuerzas militares estadounidenses, el pasado 3 de enero.

La Fiscalía se opuso a las mociones de desestimación del caso presentadas por Nicolás Maduro y Cilia Flores por inmunidad. En tal sentido, la Fiscalía solicita al juez desechar todos los argumentos formulados por ambos acusados, y dar continuidad al proceso judicial.

La Fiscalía sostiene que los acusados “incurrieron en ‘conductas dirigidas a eludir, en lugar de hacer cumplir, la legislación aplicable’, incluido el derecho interno venezolano, cuando participaron en los delitos de tráfico de cocaína, narcoterrorismo y armas alegados en la acusación”, razón por la cual “tampoco pueden invocar inmunidad basada en actos oficiales”.

Pese al desconocimiento, oficialmente ratificado por el departamento de Estado, de Nicolás Maduro como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, el gobierno del Presidente , Donald Trump, reconoce a Delcy Rodríguez como la presidenta encargada de Venezuela, tras haber sido designada por el propio Nicolás Maduro para ese cargo.

La Misión de Hechos de las Naciones Unidas que estudia el caso Venezuela dijo el pasado mes de septiembre tras realizar una visita al país que las estructuras represivas se mantienen intactas en la era post Nicolás Maduro.

Seis presos políticos con penas cumplidas siguen tras las rejas, cinco son militares

 

Seis presos políticos con penas cumplidas siguen tras las rejas, cinco son militares

Cumplieron sentencias de hasta siete años y medio de cárcel, pero tribunales y autoridades penitenciarias bloquean sus excarcelaciones.

La culminación de una condena penal no garantiza la libertad plena en Venezuela, donde al menos seis presos políticos continúan tras las rejas a pesar de haber saldado su deuda con la justicia. 

El sistema judicial mantiene un patrón que prolonga el encarcelamiento de ciudadanos con sentencias vencidas, mediante el inicio de nuevos procesos penales o la inacción directa de los tribunales de ejecución.

La ONG Justicia, Encuentro y Perdón, que defiende los derechos humanos de los presos políticos, facilitó una base de datos a Efecto Cocuyo donde señala el estatus procesal de estos seis privados de libertad. El registro detalla que el primero es un funcionario de los cuerpos de seguridad detenido el 2 de marzo de 2018 en el Distrito Capital, quien permanece en el Centro Nacional de Procesados Militares de Ramo Verde con su pena cumplida. 

El segundo caso, también recluido en Ramo Verde, corresponde a otro efectivo de seguridad arrestado el 8 de enero de 2020 en el estado Táchira bajo la misma condición. El tercer expediente es el de un civil aprehendido el 2 de agosto de 2024 en Carabobo, actualmente encerrado en El Rodeo I, quien cuenta con una boleta de excarcelación dictada por un tribunal que no ha sido acatada por el penal. 

Sin embargo, las familias de otros tres oficiales sí autorizaron difundir sus identidades para visibilizar la irregularidad de los procesos. Los nombres de los tres primeros ciudadanos fueron omitidos por petición expresa de su entorno, que exige estricta confidencialidad para evitar represalias.

Víctor Eduardo Soto Méndez

El teniente coronel de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Víctor Eduardo Soto Méndez, fue apresado el 2 de marzo de 2018 tras conversar con compañeros sobre la precariedad alimentaria y la falta de medicinas en los batallones.

 Un tribunal militar lo condenó a siete años y seis meses de prisión por traición a la patria, instigación a la rebelión y acciones contra el decoro militar, una pena que se cumplió formalmente el 9 de septiembre de 2025.

Las autoridades omitieron su liberación y en noviembre de 2025 lo trasladaron desde la cárcel de Ramo Verde hasta el centro de máxima seguridad Procemil Central en el Fuerte Guaicaipuro. La Fiscalía introdujo una nueva imputación sumándole el delito de motín para frenar su salida, a pesar de que el oficial no se vio involucrado en ninguna alteración del orden durante su tiempo de reclusión.

Igbert José Marín Chaparro

El teniente coronel Igbert José Marín Chaparro perdió su libertad el 2 de marzo de 2018 en el Distrito Capital, tras exigir mejoras de equipamiento para la tropa y señalar prácticas de corrupción interna mientras comandaba un batallón en Fuerte Tiuna. 

El oficial, reconocido por tener el promedio académico más alto en la historia de la Academia Militar, cumplió su pena de siete años y medio por instigación a la rebelión en septiembre de 2025.

El Estado impidió su excarcelación al vincularlo a la conspiración de “La Viñeta”, una trama desmantelada en 2023. El Ministerio Público estructuró esta nueva acusación bajo el argumento de presuntos delitos cometidos cuando el militar ya llevaba cinco años encerrado e incomunicado en las celdas de la Dirección General de Contrainteligencia Militar.

La maniobra judicial mantiene al teniente coronel bajo condiciones de aislamiento dentro del penal de El Rodeo I, donde enfrenta ahora el riesgo de una condena de 30 años de cárcel. La líder opositora María Corina Machado y el Comité de Derechos Humanos de Vente Venezuela denunciaron la apertura de este expediente como un atropello institucional que vulnera la salud del oficial, agravada tras múltiples huelgas de hambre.

Deibis Esteban Mota Marrero

El teniente coronel del Ejército Deibis Esteban Mota Marrero ingresó a los calabozos militares el 2 de marzo de 2018 en el Distrito Capital, señalado de integrar el presunto complot denominado “Caso de los Comandantes”. 

El Tribunal Supremo de Justicia estableció el cumplimiento íntegro de su sentencia a siete años y seis meses por instigación a la rebelión para el 9 de septiembre de 2025.

El tribunal militar de ejecución ignoró el vencimiento del castigo y paralizó los trámites para la liberación del oficial. Dos meses después de la fecha límite, los cuerpos de seguridad ejecutaron un traslado irregular desde Ramo Verde hasta los calabozos de Fuerte Guaicaipuro para someterlo a un nuevo proceso penal que justificara su permanencia en prisión.

El militar acumula severas secuelas físicas y psicológicas derivadas de torturas documentadas en sus primeros años de privación de libertad, una situación que las organizaciones de derechos humanos catalogan como una condena perpetua de facto.

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Me dedico al periodismo con enfoque en derechos humanos. Hago cobertura sobre violencia en un país con pocas garantías

De la mula al píxel: la estetización del poder

 

De la mula al píxel: la estetización del poder

Es común que al pensar en propaganda política, imaginemos panfletos toscos, sin refinación alguna; pero el verdadero poder de la imagen radica en su capacidad para convertir la realidad en mito.

El arte nunca es neutral. Tras esta afirmación, que sirve de brújula en las aulas donde estoy actualmente dictando un curso sobre el arte como instrumento político, se esconde una realidad incómoda: la belleza y la representación estética han sido, históricamente, los ropajes predilectos del poder para normalizar sus discursos o, en su defecto, las armas más afiladas para subvertirlos. El arte se alinea con las estructuras que lo financian o se diseña deliberadamente para desafiarlas; el territorio intermedio es casi siempre una ilusión.

Es común que al pensar en propaganda política, imaginemos panfletos toscos, sin refinación alguna; pero el verdadero poder de la imagen radica en su capacidad para convertir la realidad en mito. En 1801, Napoleón Bonaparte fue inmortalizado por el gran maestro del Neoclasicismo francés, Jacques-Louis David, con su famoso cuadro Napoleón cruzando los Alpes, a lomos de un esplendoroso caballo blanco encabritado. La pintura, monumental y épica, grabó a fuego en la psique europea la infalibilidad del héroe. Sin embargo, el apego a los hechos cuenta una historia mucho más pedestre: Bonaparte atravesó aquellas montañas arropado contra el frío y montado sobre una humilde mula, días después de que sus tropas abrieran el paso. A la política no le interesaba la fidelidad histórica de la mula, sino la efectividad visual del corcel. 

Por su parte, el cuadro Napoleón cruzando los Alpes de Paul Delaroche (1848) muestra otra visión realista, humana y pragmática del líder militar. En contraste con la aludida obra de Jacques-Louis David, que es una pieza de propaganda idealizada y heroica, la versión de Delaroche humaniza por completo al general francés

Esta sustitución del hecho por el mito no es exclusiva del Neoclasicismo europeo. En nuestro contexto hispanoamericano, la escultura y la pintura del siglo XIX fijaron una imagen neoclásica de Simón Bolívar, validada magistralmente por el pincel de José Gil de Castro, que transformó al Libertador en un símbolo sagrado, y pulcro.

El giro contemporáneo de este fenómeno ocurrió en julio de 2012, cuando el chavismo presentó una reconstrucción digital en 3D del rostro de Bolívar. Al alterar la iconografía tradicional y dotar al prócer de rasgos que buscaban evocar un parentesco étnico y político con Hugo Chávez, el régimen operó una reescritura de identidad. No se trataba de «rescatar la verdad», como se empeñaron en decir, sino de fabricar un puente visual que sugiriera una reencarnación tanto física como política. La sustitución de los cuadros tradicionales en los despachos públicos por este nuevo rostro digitalizó la lealtad e impuso una nueva frontera ideológica.

Sin embargo, el perfeccionamiento de este secuestro del espacio público llegó con su abstracción definitiva: los «Ojos de Chávez». Lo que nació como un diseño gráfico para una campaña electoral se transformó, tras la muerte de Chávez, en una marca omnipresente instalada por decreto en las fachadas de ministerios, cuarteles y complejos habitacionales. Al reducir el retrato a una mirada fija y desencarnada, el poder logró dos efectos psicológicos perversos: la ilusión de una vigilancia orwelliana constante, el Estado que todo lo ve, y la inmortalidad de un símbolo que, al no tener rostro completo, jamás caduca. 

Eliminando el resto del rostro, el símbolo no envejece ni muere. Se convirtió en un recordatorio perenne del «compromiso ideológico» exigido por el régimen. La gran tradición del retrato histórico y republicano quedó así degradada y reducida a un simple logotipo de control social. 

Esta colonización visual de la cotidianidad encuentra su reflejo físico en el asfalto caraqueño. El intento de sustituir por decreto el nombre de la autopista Francisco Fajardo por el de Gran Cacique Guaicaipuro, un cambio jamás asimilado orgánicamente por el ciudadano, vino acompañado en su momento por la instalación de una colosal e imponente mole de hierro forjado de más de veinte metros de altura en el distribuidor El Pulpo.

Rodeada por una estrambótica ornamentación de palmeras doradas artificiales y un jaguar de cemento, la monumental escultura no respondía a un genuino homenaje histórico, sino a la misma lógica de ocupación ideológica del paisaje urbano. Al igual que la nueva nomenclatura fracasó en el habla diaria de los conductores, el aparatoso mamotreto terminó sufriendo el peso de su propia megalomanía: fue desmantelado y retirado bajo la excusa de fallas estructurales.

Las figuras de metal quedaron expuestas como lo que siempre fueron: una imposición estética efímera del Estado destinada a saturar el espacio público y forzar un relato conveniente para el poder.

Ya en 1936, en el epílogo de La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, el filósofo Walter Benjamin nos advertía sobre este peligro bajo el concepto de la «estetización de la política». Benjamin señalaba que los regímenes totalitarios o de corte populista radical encuentran su salvación permitiendo que las masas se expresen, pero sin otorgarles derechos civiles reales ni alterar las estructuras de propiedad. Ante la incapacidad de ofrecer justicia, el poder satura el aparato sensorial del ciudadano a través del espectáculo masivo, la liturgia colectiva y la monumentalidad arquitectónica.

Lo vimos en el fascismo clásico con las geometrías humanas perfectamente simétricas filmadas por Leni Riefenstahl en Núremberg, o en los delirios arquitectónicos de la insólita Volkhalle de Albert Speer, diseñada expresamente para empequeñecer al individuo. Y lo vemos hoy, cuando las avenidas se inundan de puestas en escena teatrales y despliegues cromáticos agresivos. En estos escenarios, el ciudadano deja de ser un sujeto político que delibera, exige cuentas o ejerce sus derechos, para convertirse en un mero píxel dentro de la masa, un espectador emocional conmovido por la estética del régimen.

Desmitificar estas narrativas visuales no es un simple ejercicio académico de apreciación artística; es una necesidad democrática urgente. Comprender cómo el poder secuestra el arte y coloniza el paisaje urbano nos permite recuperar nuestra capacidad crítica. Solo cuando dejamos de ser simples espectadores ante el teatro del poder, recuperamos la fuerza para exigir el cumplimiento de nuestros derecho.


Javier Tarazona: «es muy fácil olvidar en Venezuela»

 

Javier Tarazona: «es muy fácil olvidar en Venezuela»

Para el director de Fundaredes y defensor de derechos humanos Javier Tarazona el “nuevo momento político” que atraviesa Venezuela requiere de “coherencia”, aplicar la Constitución venezolana y hace un llamado a un “gran acuerdo nacional”.

En entrevista con Alejandro Hernández en el programa Desde la Aldea, el pasado 2 de octubre, el también ex preso político ofreció una radiografía sobre la situación de los presos políticos y sus familiares y de las irregularidades del sistema judicial: “se necesita justicia (…) Es muy fácil olvidar en Venezuela”, afirmó.

También se refirió al desamparo e ilegalidad en la frontera colombo-venezolana. Denunció que la zona fronteriza continúa bajo el control e influencia de grupos armados irregulares y mafias. “El lado venezolano la frontera es territorio de nadie”, aseguró.

Javier Tarazona se ha desempeñado como profesor y ha publicado diversas investigaciones en áreas de pedagogía, políticas públicas y derechos ciudadanos. Desde la ONG Fundaredes ha denunciado la presencia, operación e infiltración de grupos armados irregulares (como la guerrilla colombiana del ELN y disidencias de las FARC) en territorio venezolano, así como la presunta complicidad u omisión de instituciones del Estado. Detenido arbitrariamente por cuerpos de seguridad en julio de 2021. Tras permanecer más de cuatro años privado de libertad en la sede del Sebin (El Helicoide), obtuvo su excarcelación el pasado febrero.

-¿Qué significa tener un juicio abierto en Venezuela?

-Cuando hay una medida cautelar la fragilidad es enorme y es enorme porque dependo de la decisión de una persona que, sencillamente, se le ocurre, el día que quiera, revocar la medida. Y esto forma parte incluso de la voz en alto que tenemos que tener. Como activista de los derechos humanos soy consciente de los riesgos que implican nuestra labor en contextos opresivos como el venezolano, en contextos donde no hay espacio civil, donde no hay espacio público donde se criminaliza, se judicializa.

-Hoy, finalmente, Rocío San Miguel ha sido absuelta, ¿Por qué unos sí y otros no?

-Mira, justamente el llamado es a la coherencia. Cuando se habla de un proceso de democratización y reinstitucionalización del país -algunos pueden llamarlo transición política-, esto demanda libertades y restituir derechos. Entonces, esa mirada selectiva justamente lo que hace es hablar de actos concretos incoherentes con lo que la Constitución señala. Nosotros no estamos pidiendo ni crear nuevas leyes ni traer soluciones de la NASA o de otro planeta. Las soluciones en Venezuela las tenemos con la Constitución.

El problema en Venezuela es que la Constitución no está en vigencia. La Constitución del 99 no está en vigencia y como no está en vigencia, pues se violenta de manera permanente. Eso llevó a que 8 millones de venezolanos hoy están fuera y entonces tengamos que hablar con la familia por un teléfono. Eso llevó a que a esta hora que tú y yo estamos hablando hayan más de 450 prisioneros políticos según las cifras de organizaciones como Justicia, Encuentro y Perdón”. Yo creo que el primer paso es reconocer que hay un proceder que no es el deber ser”.

-La presidenta Interina reconoció hace unos días que la Ley del Odio fue «mal aplicada», ¿qué sintió al oír esa afirmación?, ¿cómo se recibe de parte de quién ha sido víctima de esa ley?

-Yo soy víctima de esa Ley. A mí se me acusa de incitar al odio. Nosotros siempre hemos planteado la derogación de esa ley. No cabe un tema de reformas. Hay que derogar esa ley que llevó a prisión a más de 1000 venezolanos. Era un instrumento utilizado para criminalizar a quienes piensan diferente. Aquí hubo personas que se les encarceló simple y llanamente por escribir en un chat de WhatsApp cualquier posición en el proceso electoral del año 2024. Se necesita justicia.

El día que yo salí de la cárcel hablé y dije que en Venezuela se castiga la pobreza. Y no estoy hablando solo de los 450 presos políticos, me refiero a más de 80.000 privados de libertad, hijos del pobre venezolano, del barrio venezolano, hoy están esperando justicia, porque no pagan. Para poder superar esta realidad tan compleja que vivimos en el país es necesario que se acepte y se reconozca, pero que se avance con hechos coherentes. De nada vale decir que se equivocaron y no convertir eso en una conducta firme y contundente distinta, en un proceder diferente. Lo que pasa es que es muy fácil olvidar en Venezuela, hay una tarea que tenemos nosotros como ciudadanos: reconstruir la memoria social. Reconstruir la memoria social nos va a dar garantías de no repetición.

-¿Estamos lejos o cerca de una transformación real del sistema de justicia en Venezuela?

-Justamente esta es una gran oportunidad si la hacemos. Ahora, si esto solo va a ser un nuevo momento para ganar tiempo y para no reconocer que hay un país que se ha expresado. El 28 de julio del 2024, el país se expresó y se expresó en paz. Hubo quienes se negaron a aceptar el mandato popular, el mandato del ciudadano el 28 de julio. Y frente a esto levantaron más muros. Esta es una gran oportunidad de hacer un gran acuerdo nacional que posibilite la no repetición de los procesos que históricamente este país ha vivido, porque no solamente son los 27 años (del chavismo), en Venezuela justamente han existido muchos momentos de autoritarismo donde esa característica que está allí, alojada en los depósitos históricos y biográficos del venezolano, tiene que ser superada”.

-Todavía sigue habiendo presos políticos en Venezuela, a pesar del tutelaje de EEUU, ¿Qué cree usted que están argumentando los hermanos Rodríguez para todavía tener 400 presos políticos en el país

-Yo creo que hoy hay 450 presos políticos en el país porque la gente no está en el tablero. Porque hoy no interesa el venezolano de a pie que está viviendo una pobreza extrema, hoy no interesa el venezolano de a pie en la Venezuela profunda, por cierto, que no tienen energía eléctrica, que Rufo (Chacón) perdió sus ojos por protestar por gas, pero aún no se ha resuelto el problema del gas doméstico, que a esta hora la corrupción de 27 años llevó a la destrucción de todo el sistema de generación hidroeléctrica y de transmisión hidroeléctrica de transmisión eléctrica en el país; y así sucesivamente en todo lo que corresponde a la responsabilidad que tienen los estados. La deuda quirúrgica que hay en este país es dantesca. Hoy hay miles de venezolanos que no tienen un sistema de salud pública que garantice lo mínimo que es la vida.

-Esta semana hubo dos noticias sobre la frontera colombo-venezolana, el enfrentamiento entre el FANB y el ELN y descubrimiento de pistas clandestinas, ¿Qué información tiene de ambos sucesos?

-Nosotros queremos ser parte de la transformación de la realidad fronteriza y a esta hora que tú y yo estamos conversando es muy complejo. Porque la población está en zozobra. Yo pude comunicarme con habitantes del municipio Junín de la población de Rubio (Táchira) el día lunes y qué está padeciendo esa población: temor, mucho miedo. Con la llegada de un nuevo gobierno a Colombia la actuación por parte de las autoridades colombianas contra estas organizaciones provoca un desplazamiento y del lado venezolano la frontera es territorio de nadie. Cuando el territorio es de nadie impera el caos.

-¿Ha habido algún cambio este año, desde el Gobierno venezolano, en relación a la situación con los grupos guerrilleros de Colombia?

-Nosotros queremos en este momento justamente ver más acciones concretas que nos permitan poder decir que hay un nuevo momento. Por ejemplo, yo hoy pido que la zozobra que vive la población fronteriza por el enfrentamiento que ocurrió el día lunes pueda ser comunicado por las autoridades y eso genera tranquilidad en la población. Yo espero transparencia como ciudadano y como activista de los derechos humanos. No a la opacidad ni la negación, ni, por el contrario, el dilatar una realidad que está vista por todos, es escuchada por todos, pero no se asume con hidalguía. Que asuman lo que está pasando y que se comunique abiertamente a la población.

Los arrepentimientos de Delcy

 

Los arrepentimientos de Delcy

¿Cuál es la naturaleza ética del arrepentimiento frente a los recientes giros de conducta política atribuidos a Delcy Rodríguez? Una rectificación genuina exige principios morales de base, hay que tener cuidado con el uso del cambio como simple cálculo en tiempos de transición

No tiene sentido negar la existencia del arrepentimiento. Un suceso individual y colectivo que ha estado presente desde el inicio de la historia y del cual existen numerosas  evidencias. Como personas, pero también como sociedades, en un momento determinante, y seguramente supremo, sobreviene una necesidad de corrección que implica la confesión de errores anteriores de los cuales conviene alejarse por convicción, o porque no queda más remedio.

Sobre el asunto existe también un peso religioso. Sobre todo entre cristianos, a quienes se enseña la necesidad de abominar de  los pecados cometidos para encontrar el camino de la salvación eterna. 

El arrepentimiento parte de la confesión o del descubrimiento de faltas anteriores. También de una demostración de la voluntad o la obligación de no cometerlas de nuevo. La corrección de la conducta, que viene siendo un testimonio contundente de arrepentimiento, demuestra la voluntad de alejarse de fallas o errores antecedentes que no solo han originado perjuicios  individuales, sino también, en no pocas ocasiones, males o daños colectivos.

La historia está llena de tales predicamentos. Sin juzgar sobre la honestidad o la convicción de los arrepentidos, pero también partiendo de sentir que no se ha sido fiel a determinados principios o a ciertos mandamientos que tienen trascendencia. En consecuencia, el arrepentimiento, especialmente el sincero, parte de reconocer una traición a ciertos principios primordiales. 

Y aquí llegamos  a la necesidad de negar la existencia del arrepentimiento si no guarda relación con esos principios primordiales. Esto es, con ciertas convicciones superiores que las civilizaciones han creado a través del tiempo, y que se convierten en guía respetable o también insustituible de una vida, de la humana peripecia que tiene una obligación de limpieza o una necesidad de fidelidad con lo fundamental o lo esencial de ellos como prueba de autenticidad.

No pocos dramas de la vida privada y de la vida pública han girado en torno al pugilato entre las convicciones superiores y la conducta general y particular de las personas. De lo cual se desprende que no se toca ahora un asunto trivial, sino todo lo contrario. Pero no se trata ahora de escribir un tratado sobre el asunto, que sería trabajo de filósofos y moralistas, sino apenas de relacionarlo con el hecho de que no puede existir arrepentimiento en el caso de Delcy Rodríguez, «presidenta encargada» de la república, cuando anuncia que está cambiando de conducta para beneficio nacional.

Porque el arrepentimiento a través del cual se llega hasta el estreno de conductas inéditas, hasta debuts inimaginables en el pasado reciente. Hasta mostrarse un sujeto distinto por dentro y por fuera como por obra de un milagro; o hasta ser diverso de veras pese a que la apariencia externa permanezca idéntica, solo sucede cuando parte de la base de las convicciones superiores que se aludieron en el párrafo anterior, cuando existieron ciertos valores que fueron fundamento de la existencia desde etapas infantiles o juveniles, o que se aprendieron o estimaron a través de procesos intelectuales.

Pero, ¿qué pasa cuando tales principios, tales patrones, apenas se barruntaron en su oportunidad, o brillaron por su ausencia? Pasa algo muy simple o sencillo: el arrepentimiento no forma parte de una decisión vital, o es apenas un subterfugio. 

Como no parece, porque no ha saltado a la vista, que la señora haya sentido pena por los jefes y los compañeros que ha dejado en el camino, o que se haya estremecido en lo más mínimo por mudar del todo los principios que antes profesaba y divulgaba, pero que ahora oculta y calla como si no hubieran existido; o que haya cambiado de patrón por el antípoda del mandamás anterior como si solo se mudara un camisón de última moda, lo menos que un escribidor puede pensar, aun el más superficial que ahora está  frente a la computadora, es en cómo el arrepentimiento no le quita el sueño o, peor todavía, es apenas para ella el asunto más superfluo del mundo.  

No es un tema trivial este que les dejo, después de tocarlo apenas en su superficie, debido a que se supone que vivimos un período de transición que debe moverse por una primordial necesidad de cambio, esto es, por la aparición de conductas realmente novedosas y atrayentes. Mucha atención, porque mañana los arrepentidos podemos ser muchos. 


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