Los “huelepega” nacionalistas
MARIANELLA SALAZAR
25 DE MARZO 2015 - 00:01
El gobierno “presume” de ser uno de los países más
antiamericanos del planeta y aprovecha las sanciones de Estados Unidos a unos
funcionarios corruptos, a quienes les cancelaron sus visas y congelaron sus
cuentas. Las sanciones acompañadas de la declaración de que Venezuela
representa un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos tienen
relación con el sistema financiero de ese país, que persigue el dinero mal
habido procedente del narcotráfico, la corrupción y de grupos terroristas. Sin
embargo, el gobierno hace ver que nos han declarado la guerra, que los marines
pueden desembarcar en cualquier momento en Machurucuto o en Mamo, y convoca a
unos ejercicios militares para entrenarnos ante la inminente invasión. Algo
inimaginable, si se analiza que las sanciones no son contra los venezolanos, ni
siquiera contra el gobierno de Maduro, sino contra determinados funcionarios y
militares chavistas.
Como era de esperarse, utilizaron el momento, con el índice
de popularidad más bajo en la historia de la revolución bolivariana, para
remontar la cuesta con miras a las elecciones legislativas y, convenientemente,
silenciar los grandes escándalos de altos cargos del chavismo con dinero
proveniente de Pdvsa, que evidencian el gran saqueo y una de las causas del
empobrecimiento de los ciudadanos. Por eso, el gobierno agita las banderas del
nacionalismo para su consumo inmediato.
El nacionalismo es como una droga, es como oler el pegamento
de las ideas sociales y políticas. El nacionalismo maneja una gran
falsedad, que es la idea de identidad de un pueblo, conceptos mágicos, palabras
altisonantes y vacías. Lo malo del nacionalismo es que siempre lleva la mala
intención, porque necesita de enemigos y zafarranchos para que el grupo
sobreviva. El nacionalismo chavista es depredador, feo, sórdido, arcaico,
sumamente ridículo y sobre todo excluyente. Se ha construido desde la
demonización del otro, del imperio, de la derecha, de la oposición, a la que
acusa de todos los males habidos y por haber. Al contrario de los
norteamericanos, que ante todo se sienten miembros de una comunidad, la patria
americana, lo que les hace dar un apoyo casi unánime a sus instituciones cuando
se desata una gran crisis.
Está claro que un grupo enorme de venezolanos no apoyamos al
gobierno en sus alucinaciones guerreras con Estados Unidos, es nuestro
principal socio, nos compran el petróleo, son los únicos que pagan a precio de
mercado y no nos chulean, como los cubanos y algunos gobiernos aliados que
siguen succionando nuestros recursos. Además, siempre me ha irritado el
antiamericanismo visceral, es un prejuicio estúpido que, como todo dogma,
impide el entendimiento de la realidad.
Es cierto que Estados Unidos es el país más poderoso del
mundo, y todo poder tiende a la prepotencia, pero hay cosas de esa sociedad que
valoro mucho, como la libertad, el igualitarismo y la meritocracia, que es la
antítesis de la mediocridad, el amiguismo y el nepotismo que caracterizan al
gobierno “revolucionario”, que desprecia todo profesionalismo y auspicia la
fuga de los talentos.
Si de verdad se diera la invasión militar de Estados Unidos,
Maduro se vería acabado. Por eso alardea y amenaza, pero el primero que no la
quiere es él.
Tic tac
1-. Con la recolección de firmas para exigir la derogación
del decreto imperial, el gobierno hizo un sondeo de popularidad para las
elecciones legislativas. Según nuestra fuente, lo que recogieron fueron 622.000
firmas en todo el país.
2-. El gobierno de Panamá no aceptará que lleven los “10
millones de firmas” a la cumbre y está dispuesto, como país anfitrión, a
impedir cualquier show contra Obama.

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