Wall Street volvió a encontrar un motivo para comprar tecnología. Después de varios días de ventas, los inversionistas regresaron a los fabricantes de semiconductores y empujaron al Nasdaq al alza, alentados por señales de que el castigo reciente podría haber sido excesivo.
Lo llamativo es que ese optimismo apareció justo cuando el resto del tablero seguía enviando señales incómodas. El petróleo volvió a subir por las tensiones en Medio Oriente y los rendimientos de los bonos del Tesoro reflejaron nuevamente el temor de que un choque energético complique la tarea de la Reserva Federal.
En otras palabras, el contexto macro empeoró... pero la narrativa de la inteligencia artificial pesó más. Y no parece una apuesta aislada. El mercado de crédito también está reflejando esa convicción.
Goldman Sachs (GS) calcula que, en apenas siete meses, la emisión de deuda destinada a financiar infraestructura para inteligencia artificial ya supera todo lo registrado el año pasado.
Ahora bien, esa misma apuesta también implica un riesgo evidente: cada vez más el desempeño bursátil está concentrado. Un análisis de Zacks muestra que buena parte del crecimiento esperado de las utilidades del S&P 500 sigue descansando sobre un puñado de acciones.
Ese escenario cobra más relevancia con la temporada de resultados de las grandes tecnológicas a la vuelta de la esquina. Alphabet (GOOGL) y Tesla (TSLA) serán las primeras en presentar sus cifras. Los inversionistas buscarán confirmar, una vez más, que las millonarias inversiones en IA empiezan a traducirse en beneficios. Cuéntenme ustedes qué esperan en carlos.rodriguez@bloomberglinea.com.
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