La sesión dejó un mensaje claro: la inflación volvió a darle oxígeno a Wall Street. Un dato mejor de lo esperado redujo la presión sobre la Fed y reforzó la idea de que un alza de tasas en julio perdió fuerza. Las acciones avanzaron, los bonos repuntaron y el dólar retrocedió, en una reacción que reflejó el alivio de los inversionistas.
Ese optimismo, sin embargo, encontró un contrapeso en el propio banco central. Kevin Warsh insistió en que un solo informe no cambia el panorama y reiteró que la Fed seguirá enfocada en devolver la inflación a su objetivo. El mercado celebró el dato, pero la autoridad monetaria prefirió mantener la cautela.
La temporada de resultados también empezó a marcar el pulso. Los grandes bancos estadounidenses sorprendieron positivamente gracias al buen desempeño de sus segmentos de negociación e inversión, reforzando la expectativa de un sólido trimestre para las empresas del S&P 500.
En contraste, IBM (IBM) decepcionó con ingresos inferiores a lo previsto y recordó que la carrera por la inteligencia artificial también está redistribuyendo el gasto tecnológico.
Fuera de Wall Street, el petróleo volvió a ser otro de los focos. Los precios oscilaron mientras Donald Trump abandonó su propuesta de imponer un gravamen al tránsito por el estrecho de Ormuz y la tensión entre Estados Unidos e Irán siguió alimentando la incertidumbre sobre la oferta mundial de crudo.
Al final, la sesión dejó un mensaje sencillo: la inflación abrió la puerta al optimismo, pero no la cerró detrás de sí. La cautela de la Fed, los resultados corporativos y el comportamiento del petróleo seguirán definiendo si este impulso logra sostenerse o queda como un alivio pasajero. Cuéntenme ustedes qué están viendo en carlos.rodriguez@bloomberglinea.com.
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