Venezuela entre un gobierno fracasado y una oposición dividida
En un año electoral, la caída del petróleo hace
insostenible el elevado gasto social que ha apuntado al chavismo, y la escasez
se convierte en la normalidad.
ELDIARIOEXTERIOR.COM, 9 febrero 2015
Carolina Abrusci
La inflación y los anaqueles vacíos son el signo distintivo
actual del modelo socialista venezolano. La caída del precio del petróleo
hace insostenible el elevado gasto social que ha caracterizado al chavismo.
2015 será un año clave, por la incertidumbre económica y por las
elecciones a la Asamblea Nacional. Carolina Abrusci explica la situación en un
documento publicado por la Fundación Ciudadanía y Valores, del que ofrecemos un
extracto.
Venezuela se consolida hoy como un Petroestado fracasado en
su estrategia de mantener altos los precios del crudo para poder hacer frente
al costo de las relaciones clientelares que mantienen al actual gobierno en el
poder. También hay que tener en cuenta el aumento exponencial de las
importaciones de bienes y servicios, que han escalado desde los 17 millardos de
dólares anuales en 1998, hasta 59 millardos de dólares en 2012, según cifras
del Banco Central de Venezuela.
La caída del precio del petróleo hace insostenible el
elevado gasto social que ha caracterizado al chavismo
El actual gobierno se ha valido del proteccionismo, de un
exacerbado Estado del bienestar para mantenerse en el poder, de una paridad
cambiaria artificial, y no ha aprovechado los tiempos de bonanza para buscar el
desarrollo integral del país.
Años de altos precios del petróleo han generado un
desarrollo de nuevas formas de energía y métodos de extracción –como el fracking–
que poco a poco empujan a los países de la OPEP a estar fuera de los mercados,
razón por la cual los saudíes se han enfocado más en preservar su cuota que en
mantener los precios altos.
Para hacer frente a esta realidad, el gobierno se ve en la
obligación de compensar la caída de los precios del petróleo apelando a varias
alternativas. Una de ellas, quizá la más costosa y de mayor impacto a largo
plazo, es la manipulación de la deuda. La reducción de gastos es otra de las
alternativas que pareciera más viable, pero menos conveniente al corto plazo,
tratándose de un año electoral. Y el incremento de la producción, que no sería tan
complicado de no ser por la realidad que caracteriza a Petróleos de Venezuela
hoy día.
Bolívar débil
Al ser Venezuela una economía rentista y dependiente casi
exclusivamente de la venta de petróleo –y hoy en día dependiente de las
importaciones—, así como también un país con control cambiario, el precio del
petróleo en caída trae consigo la reducción de la cantidad de divisas de las
que dispone el gobierno, cuestión que tiene una incidencia, a su vez, en el
control de cambio. El precio del dólar oficial es artificial (6,30 bolívares
por dólar versus 180 bolívares por dólar en el mercado paralelo), con otros dos
sistemas oficiales a 12 y 50 bolívares por dólar, aprovechándose el gobierno de
la ilusoria banda de 6,30 para maquillar cifras y sacar cálculos impresionantes
que retumban en la región y el mundo cuando se “traducen a dólares” precios y
salarios.
No hay incentivos para producir, todo escasea y eso ha
incrementado los mercados paralelos
Sin embargo, la gran verdad es que el cambio oficial es 30
veces menor al que se maneja en la calle y que efectivamente rige la economía
venezolana.
Durante los gobiernos de la mal llamada “Cuarta República”,
era frecuente que los venezolanos cruzaran la frontera a la hermana Colombia
para adquirir distintos bienes, pues el cambio de bolívares a pesos colombianos
era favorable a nuestro país. Hoy la situación es totalmente opuesta: cruzar a
Cúcuta implica no solamente exponerse a una revisión humillante por parte de
los cuerpos de seguridad, los cuales impiden que nadie lleve gasolina, ni
ningún bien o alimento que pueda venderse más allá de nuestras fronteras, sino
que también ha hecho que la devaluación del bolívar frente a otras monedas nos
haga darnos cuenta de que para un venezolano, comprar incluso agua en Cúcuta es
un lujo costosísimo para el común de la población. Y vender un envase de dos
galones de gasolina en Colombia te puede reportar la misma ganancia que semanas
de trabajo en Venezuela, mientras la inflación se come los ingresos.
El balance del 2014 no es positivo cuando de cifras y
economía se trata. José Guerra, economista, afirma enBalance de la Economía
Venezolana en 2014, que el año pasado el PIB registró una caída del 4,2%, a la
vez que la tasa de inflación se situó entre un 80%, e incluso más de 100% para
el caso de alimentos. Esto ha generado un repunte de la pobreza, pasando de 27,3%
en 2013 a
casi un 40% para finales de 2014. El Banco Central de Venezuela presenta
retrasos de hasta tres meses en la publicación de cifras de PIB, inflación y
escasez. Los últimos tres balances han sido completamente politizados, y
utilizan como argumento lo que el gobierno ha llamado “guerra económica”.
Por otra parte, el gobierno ha utilizado la expansión de la
liquidez monetaria (M2) a ritmos que disparan la demanda y el crecimiento de
los créditos, en un país cuyos tipos de interés activos y pasivos no sobrepasan
los 29 y 14 puntos respectivamente, favoreciendo el gasto y perjudicando el
ahorro. Además, parte del dinero impreso es utilizado para financiar el déficit
de caja de la estatal petrolera PDVSA.
El tipo cambio oficial es 30 veces menor al que se 9+maneja
en la calle y que efectivamente rige la economía venezolana
Un elemento que ha servido de “salvación” para el gobierno
venezolano, pero que a su vez es una trampa a largo plazo, es la repartición de
dinero inorgánico, es decir, emitido sin que exista un respaldo adecuado. Esto,
como se sabe, se incrementa en años electorales, razón por la cual el 2015
promete unos niveles de inflación nunca vistos en la República Bolivariana.
Además, con la caída de los precios del petróleo, se necesita hacer
malabarismos para poder responder a los compromisos generados por el
elevadísimo gasto social que ha mantenido al actual gobierno.
Escasez y viveza criolla
Conseguir una botella de agua (Venezuela es el único país
del mundo donde el agua es más cara que la gasolina) no es cosa fácil. Y se
debe a una razón: su precio está regulado. Apenas llega al anaquel, es devorada
por consumidores sedientos del vital líquido.
Por supuesto, su precio es inferior al costo real gracias a
las regulaciones del gobierno. Leche, carne, pollo, café, arroz, aceite,
harinas, mantequilla, papel higiénico, desodorantes, son otros de los productos
que se encuentran regulados. Por ende, hay que buscarlos haciendo un periplo
por toda la ciudad, y lo más seguro es que dicha búsqueda sea en vano, o
termine en alguna esquina, adquiriéndolos al triple del precio.
En Venezuela la carestía es total y los anaqueles vacíos son
una característica del mes de enero de 2015.
Alimentos, medicinas, ropa, repuestos para automóviles. Todo
escasea en el país, y eso ha incrementado a su vez los mercados paralelos, así
como también el robo de bolsas de supermercado y golpizas en establecimientos
por un pote de leche, por ejemplo.
En la Venezuela de hoy no existen incentivos para producir.
La economía del venezolano gira en torno a la especulación y a lo que muchos
llaman la “viveza criolla”.
Hacer una fila de horas para comprar un producto a precio
regulado y venderlo posteriormente a un precio dos o tres veces superior –a
veces mucho más— es una actividad que genera ingreso para muchos hogares hoy
día. Tanto es así, que las tiendas y grandes cadenas establecen controles, y un
racionamiento con registros personales de cada ciudadano. Ha sido el propio
gobierno quien ha generado los incentivos para atentar contra la productividad,
la institucionalidad y la legalidad en todos los sentidos.
Venezuela se debate entre la polarización política, la
escasez, la violencia, la devaluación y la inflación
Lo más crítico de la escasez se expresa en los sectores de
alimentos y medicinas. Acudir a un restaurante y pedir un plato que ya no se
ofrece por falta de algún ingrediente esencial es frecuente. Y lo más
deplorable son las trifulcas diarias en supermercados y establecimientos,
producto de las enormes colas que se hacen –de horas y horas– para poder
adquirir los productos. El recorrido por distintas farmacias buscando algún
medicamento es también algo frecuente, situación que resulta particularmente
desesperante para los casos de quienes padecen una enfermedad crónica o
degenerativa.
Cita electoral
Nicolás Maduro ha estado realizando una gira por China y
varios países de la OPEP, buscando enfrentar la crisis que atraviesa Venezuela
en este momento. Los chinos ya han sido flexibles con Venezuela y han asumido
riesgos siempre bajo el esquema de ganancia.
Venezuela podrá no hacer frente a algunos compromisos en
este momento, pero queda hipotecado por acuerdo y bajo las políticas
irresponsables de un gobierno que piensa en su propia subsistencia hoy, sin
tener en cuenta el futuro de los venezolanos mañana.
Hay una variable importante que tiene que ver con la “caída
del muro del Caribe”: la anunciada reanudación de relaciones entre Estados
Unidos y Cuba, que deja al gobierno venezolano desnudo ante la opinión pública.
Mientras unos lanzan puentes y entienden las necesidades que el tiempo
histórico impone, otros se empeñan en dividir y mirar hacia atrás, intentando
rescatar modelos políticos que han quedado ya sepultados.
Otro aspecto fundamental del presente año es que los
venezolanos están obligados constitucionalmente a acudir a una cita electoral
para elegir a los diputados a la Asamblea Nacional. Uno de los mayores errores
de la oposición fue no haber acudido a esta cita en 2005.
Recordar este episodio reitera la necesidad de ir
masivamente a votar. Sin embargo, el descontento aumenta en las encuestas y el
sector que crece es el de los ni-ni (ni chavistas, ni opositores).
La encuestadora DatinCorp refleja que la evaluación del
gobierno de Nicolás Maduro es negativa para el 68%, con apenas un 30% de
valoración positiva. Así mismo, un 51% de los encuestados espera que la
oposición se modere y busque un diálogo con el gobierno, y que coloque como
prioridad ganar las elecciones parlamentarias venideras. Las diferencias en el
seno de la Mesa de la Unidad son un secreto a voces que compromete esta ventaja
comparativa frente al escenario del oficialismo.
Por otra parte, hay un sector de la oposición que desconfía
de las instituciones del Estado secuestradas por el gobierno y que no coloca la
cita electoral como prioritaria. Los más radicales, de hecho, ni siquiera la
consideran como una alternativa para salir de la crisis, pues aseguran que los
resultados electorales son manipulados por el gobierno. Este segmento es
partidario de una salida y cambio de modelo político a través de una Asamblea
Nacional Constituyente.
Hay otros sectores de la alternativa democrática que colocan
todo el peso de la prioridad política del momento en la elección de la Asamblea
Nacional. Estos deben entonces esmerarse por postular candidatos
representativos que permitan que la alternativa electoral agarre fuerza. Sin
embargo, a estas alturas y con las elecciones tocando a la puerta (deben
realizarse a finales de este año, pero existen fuertes rumores de un adelanto)
no se ha determinado el método de selección de los candidatos unitarios,
olvidando que solo en unidad es posible hacerles frente a los candidatos del
oficialismo.
2015 será así un año de cambios, quizá más por necesidad que
por convicción. Lo que si queda claro es que no se puede seguir esperando a la
suerte y a las equivocaciones de quienes hoy se encuentran en el gobierno para
lograr avances políticos dentro de la oposición.
profesora de Estructuras Político-Constitucionales
Comparadas en la Universidad Central de Venezuela
y delegada de FUNCIVA en el país
