Bonos y sueldos
El régimen se ha hecho el sordo, el mudo y el ciego, el Shakiro, ante las ingentes necesidades laborales en Venezuela. El atropello al trabajador y al trabajo, como proceso fundamental de la nación, de la sociedad, ha sido inmenso todos estos años. Nada, nada, tiene que ver ese atropello con las sanciones anteriores o actuales. Salta a la vista de sus lujos, de la corrupción que prácticamente encabezamos en el mundo.
Las leyes laborales establecen la intangibilidad, progresividad e irrenunciabilidad de los derechos adquiridos. Algo que algunos agentes económicos no parecen entender cuando hablan, con todo su gañote desmesurado, de atentar contra las prestaciones sociales acabadas de por sí por este régimen troglodita.
Pero, indudablemente, no solo las prestaciones sociales han tocado y han hecho retroceder en los alcances de derechos de los trabajadores. El sueldo se devalúa a diario sin compensación alguna inmediata o mediata. El salario mínimo está en lo mínimo visible, risible. Esto de tanto que ha sido tocado por el mal manejo económico de un régimen que desprecia al trabajador y al trabajo. Si hace ya más de tres años equivalía a 30$, hoy es nada. Nada.
Los bonos, que para nada inciden en la protección social del trabajador, no alcanzan a sustituir las «bondades» del sueldo abarcante para atender las necesidades de las familias de quien trabaja, ni siquiera, por supuesto, del trabajador mismo. Constituye un atentado al trabajo el supuesto pago en bonos que desvirtúa la relación laboral. No fue lo que le ofrecieron a la mayoría de los trabajadores en el inicio de sus contrataciones, son un fraude para quien trabaja.
La marca política en los bonos
No podemos soslayar la marca ideológico-política expresada en los bonos: «Bono de guerra económica» denominan una de estas vaguedades que no alcanzan para comer. Como si la supuesta guerra económica fuera o hubiera sido provocada por quien trabaja. Guerra económica más que perdida, por quienes sí la provocaron por el manejo absurdo, también supuestamente ideológico, de la política internacional que desata acciones contra los desaforados en el mundo.
Imposible dejar pasar que el bono con mayor monto, que, por cierto, tampoco alcanza para cubrir la canasta alimentaria, es el de «corresponsabilidad», o sea, un bono especialmente cargado creen ellos, los pagadores de semejante engendro populista, de bienestar para sus aliados políticos. Estén estos aliados en Pdvsa o en la Fuerza Armada. Vale decir que la mayor cuota económica no se la dan al conocimiento, a la labor social de atender enfermos o educandos, sino a quienes se entregan a ellos en acciones y palabras, según su creencias en que todos esos están con ellos; las acciones y las elecciones dicen y dijeron otras cosas.
Siguen los atentados permanentes contra el trabajador y el trabajo. Pero persistimos en la lucha por ese derecho humano a trabajar y proteger las familias, por defender la intangibilidad, la progresividad y la irrenunciabilidad a los derechos laborales también robados por este régimen macabro.
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