El pueblo ecuatoriano sobre la cuerda floja
Cuando quienes están llamados a cambiar, no cambian, las naciones fracasadas experimentan ciclos que las lanzan a este tipo de situaciones.

El próximo 13 de abril de 2025, un pueblo caminará sobre la cuerda floja; el pueblo ecuatoriano. De un lado del vacío lo espera el Foro de Sao Paulo; del otro, el incierto gobierno de Daniel Noboa. Ambas opciones son sombrías. Fatales.
El Foro de Sao Paulo es una organización internacional que alberga en su seno a las FARC y ELN, a todos los partidos comunistas del continente y varios socialistas, a las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela, a los gobiernos socialistas de Chile, Colombia y, ahora, el Frente Amplio de Uruguay. El mayor legado de este Foro es el hundimiento económico de toda América Latina y la incorporación de nuestra región a la influencia del crimen organizado.
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La Revolución Ciudadana, de la señora Luisa González, pertenece a este Foro de Sao Paulo, y funciona como una franquicia ecuatoriana del socialismo del siglo XXI; un invento chavista, mentores ideológicos del señor Rafael Correa.
En el otro vacío, al pueblo ecuatoriano lo espera Daniel Noboa; un presidente interino llamado a culminar el período constitucional del fracasado gobierno de Guillermo Lasso, pero, un año le bastó para terminar empeorando los problemas de violencia, apagones eléctricos, desempleo, inflación, pobreza, cooptación de las instituciones, narcotráfico y corrupción que Lasso le heredó.
Cuando quienes están llamados a cambiar, no cambian, las naciones fracasadas experimentan ciclos que las lanzan a este tipo de situaciones (ver ‘Una generación de viejos’, de don José Ortega y Gasset). La acumulación gradual de una larga sucesión de errores termina creándoles nuevas situaciones de crisis política, económica y socialmente comprometedoras para su futuro. Y hasta que esas sociedades no resuelven la raíz de fondo, implementando las nuevas ideas que sustituyan las viejas, sufrirán cíclicamente las mismas crisis; cada vez peor. Hoy le toca al Ecuador, lamentablemente.
En efecto, el Ecuador llega hoy a esta lamentable situación de tener que ‘elegir entre dos opciones que lo hundirán’, luego de una larga cadena de gobiernos fracasados que iniciaron en 1934 con el ‘velasquismo’ (José María Velasco Ibarra. 5 veces presidente del Ecuador). Estatista conservador, el ‘velasquismo’ dominó la escena política ecuatoriana desde 1934 hasta 1972, período durante el cual implementó políticas económicas populistas y erráticas que lo llevó a sufrir 4 golpes de Estado y conducir al país a una crisis política que, finalmente, dio con el golpe de Estado de febrero de 1972 y la dictadura de Guillermo Rodríguez Lara.
Luego, la dictadura de Rodríguez Lara (estatista, nacionalista de izquierda revolucionaria), llegó nacionalizando la industria petrolera. Ya en 1971, el depuesto gobierno de Velasco Ibarra había promulgado la Ley de Hidrocarburos. Pero, como ambos (golpistas y depuestos), eran estatistas, la nueva nacionalización complementó lo consagrado por la Ley de Hidrocarburos y los enormes recursos provenientes de la venta de petróleo sirvieron a Rodríguez Lara para repetir el mismo populismo y nuevos episodios de corrupción y despilfarro de recursos en los que antes había incurrido Velasco Ibarra: nuevamente, debilitamiento de la economía, aumento del endeudamiento público, baja producción de alimentos, inflación y pobreza.
Entonces ocurrió algo insólito; la dictadura de Rodríguez Lara, en crisis, fue reemplazada con otra dictadura: la del Consejo Supremo de Gobierno (1976-1979), liderado por el Almirante Alfredo Poveda. Ambas dictaduras pactaron una transición al estilo ‘gatopardo’ (‘Cambiar para que nada cambie’), y se aseguraron de que los militares pudieran evitar las consecuencias de sus nefastos gobiernos.
Autoritaria y represiva (encarcelamiento del obispo Leonidas Proaños, masacre del ingenio Aztra en 1977, etc.), la dictadura del Consejo Supremo promovió la reforma a la Constitución de 1945 para consolidar el intervencionismo del Estado en la economía, la subordinación de la propiedad privada al concepto socialista de ‘función social de la propiedad’, el dominio directo del Estado sobre los recursos naturales y mineros (propiedad dominial), y el control regulatorio del Estado sobre las áreas de salud y educación.
Esas reformas de la dictadura desmontaron de forma definitiva el espíritu conservador que durante el gobierno de Gabriel García Moreno (1860-1865 / 1869-1875), habían llevado al Ecuador a desestimar el Decreto quiteño sobre Minas del Libertador, Simón Bolívar, de 1829, respecto al dominio directo del Estado sobre sus recursos naturales. Por razones de la guerra independentista y la necesidad de recursos, el Decreto de Bolívar había dejado en pie la institución medieval que las nuevas naciones habían heredado de la época colonial; Gabriel García Moreno lo desestimó; las dictaduras nacionalistas la volvieron a instalar en la Constitución de 1978.
Las reformas de la dictadura ampliaron el poder y el alcance del Estado sobre las libertades económicas de la sociedad ecuatoriana y allanaron el camino para la consolidación del pensamiento socialista en el Ecuador. Con ese enorme bagaje estatista, Ecuador recibió al primer gobierno electo en las urnas desde la época del ‘velasquismo’: el gobierno socialdemócrata de Jaime Roldós Aguilera. 1979. Desde entonces desfilaron 15 gobiernos fracasados, todos estatistas, cada uno peor que el anterior; entre todos han conducido al Ecuador al borde de un precipicio.
Ni el Foro de Sao Paulo ni Daniel Noboa pueden sacar al Ecuador del foso en el que se encuentra, porque ambas opciones le rinden pleitesía al Estado como ente interventor, controlador y regulador de la vida económica, política y social de toda la nación. Ninguno de los dos promueve la única solución posible; la opción capitalista, de Gobierno Limitado, privatización de todas las empresas del Estado, desregulación total de la economía y mercados libres abiertos a la competencia que incluyan las Ofertas de Educación, Salud y Pensiones, dejando al Estado sólo el financiamiento provisional de las demandas de esos tres servicios.
Puesto que el socialismo y el estatismo llevan décadas fracasando, la solución capitalista es la única que puede garantizarle al pueblo ecuatoriano salir de la cuerda floja en que se encuentra y enrumbarlo hacia un sistema que aumente sólidamente el trabajo, garantice buenos y altos salarios y les brinde excelentes niveles en su calidad de vida.
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