¡Pobre gente!
La emoción en estos días es la lástima. Tengo sensación de compasión y hasta piedad. Ver a nuestro país en el estado al que lo llevaron estos socialistas del siglo XXI produce, al menos en mí, un inmenso dolor
La emoción en estos días es la lástima. Tengo sensación de compasión y hasta piedad. Ver a nuestro país en el estado al que lo llevaron estos socialistas del siglo XXI produce, al menos en mí, un inmenso dolor. Como si fuera poco, los “gestores” del proceso revolucionario han perdido toda creatividad. Repiten como loros las mentiras de siempre: golpes, conspiración, el imperio y demás pamplinas (¿o es el G2?). Embaucan a incautos y a gente que se niega a ver la verdad. No se atreven a cuestionar nada.
Felicito a los de Marea Socialista. Hacen críticas, se informan y, aun con todo el sistema en contra, piensan. Pensar: desafío y riesgo terrible dentro del “statu quo” socialista. Mientras, normalmente nos resulta imposible dejar de pensar y analizar.
En medio de esto, ve la luz mi libro De Regreso de la Revolución y, ni siquiera así, salgo de la angustia y la tristeza. Observo a los venezolanos, supuestos revolucionarios, con corazón adolorido. Sufren de ceguera dogmática e ideológica: viven de ilusiones, sueños y mentiras. En el libro narro los hechos que me condujeron a esta situación. Para los pobres revolucionarios, son pobres de espíritu, porque, aun cuando muchos de ellos se enriquecieron y forman parte de la “boliburguesía”, no entienden nada. Por eso llaman traición pro imperialista, derechista, pequeño burguesa (siempre lo fui) a la toma de conciencia y al darse cuenta del desastre del socialismo real y demás. No se imaginan cómo los compadezco.
Recuerdo varias anécdotas vividas por mí y Adolfo, en esas giras en China: Algunas las he contado. Como el caso del intérprete, que decidió no pensar para no cuestionar la revolución, por miedo a hacerse contrarrevolucionario. O, los colegas: primero, dijeron maravillas del presidente Mao, y tres años después se desdijeron con toda tranquilidad. ¿Y, las sistemáticas mentiras? Dos me marcaron y ocasionan mi desilusión: la mentira en torno a las cuatro esposas de Mao. Otra, con relación a la irreverencia del gran timonel (Mao) al desafiar la dirección del imponente Partido Comunista de China por recibir al ministro J. Fraser de Australia. Lo vimos en el cine y por las calles de Beijing. Tenía prohibido recibir a nadie por su enfermedad. Lo negaron. No importaron pruebas. Cualquier semejanza no es casualidad, es más de lo mismo.
Gloria Cuenca. Periodista / Prof. universitaria
Últimas Noticias, 8-3-2015.Felicito a los de Marea Socialista. Hacen críticas, se informan y, aun con todo el sistema en contra, piensan. Pensar: desafío y riesgo terrible dentro del “statu quo” socialista. Mientras, normalmente nos resulta imposible dejar de pensar y analizar.
En medio de esto, ve la luz mi libro De Regreso de la Revolución y, ni siquiera así, salgo de la angustia y la tristeza. Observo a los venezolanos, supuestos revolucionarios, con corazón adolorido. Sufren de ceguera dogmática e ideológica: viven de ilusiones, sueños y mentiras. En el libro narro los hechos que me condujeron a esta situación. Para los pobres revolucionarios, son pobres de espíritu, porque, aun cuando muchos de ellos se enriquecieron y forman parte de la “boliburguesía”, no entienden nada. Por eso llaman traición pro imperialista, derechista, pequeño burguesa (siempre lo fui) a la toma de conciencia y al darse cuenta del desastre del socialismo real y demás. No se imaginan cómo los compadezco.
Recuerdo varias anécdotas vividas por mí y Adolfo, en esas giras en China: Algunas las he contado. Como el caso del intérprete, que decidió no pensar para no cuestionar la revolución, por miedo a hacerse contrarrevolucionario. O, los colegas: primero, dijeron maravillas del presidente Mao, y tres años después se desdijeron con toda tranquilidad. ¿Y, las sistemáticas mentiras? Dos me marcaron y ocasionan mi desilusión: la mentira en torno a las cuatro esposas de Mao. Otra, con relación a la irreverencia del gran timonel (Mao) al desafiar la dirección del imponente Partido Comunista de China por recibir al ministro J. Fraser de Australia. Lo vimos en el cine y por las calles de Beijing. Tenía prohibido recibir a nadie por su enfermedad. Lo negaron. No importaron pruebas. Cualquier semejanza no es casualidad, es más de lo mismo.
Gloria Cuenca. Periodista / Prof. universitaria