martes, 13 de octubre de 2026

Análisis energético: 13 de octubre

 

Análisis energético: 13 de octubre

En las últimas semanas, las empresas beneficiadas con la adjudicación de campos y bloques petroleros han anunciado planes de inversión y de producción para los próximos años

Ante la cercanía de las elecciones de mitad de término, el presidente Trump parece haber cambiado de estrategia en materia de conflictos bélicos: se comprometió a no atacar a Irán, pese al fuerte aumento de los precios tras los ataques contra los supertanqueros que transitan por el estrecho de Ormuz; el compromiso estadounidense se mantendría, al menos, hasta noviembre, lo que ha moderado temporalmente la percepción de riesgo en los mercados. 

Los volúmenes exportados por los países del Golfo Pérsico muestran cierta normalización, lo cual se debe en gran parte a la reactivación a plena capacidad del oleoducto Este-Oeste. Por su parte, los drones hutíes de Yemen alcanzaron una refinería saudí y el aeropuerto de Riad, aunque no lograron afectar el tránsito por el estrecho de Bab el-Mandeb; Irán sigue teniendo problemas con sus exportaciones.

Por otro lado, los continuos ataques contra instalaciones de refinación rusas y buques en el mar Negro, presuntamente perpetrados por Ucrania, están provocando un déficit significativo en el suministro de diésel, gasolina y combustible para la aviación. China ha contribuido nuevamente a aliviar esta presión al reanudar las exportaciones de estos productos, cuya demanda y precio se mantienen elevados. 

El recién anunciado acuerdo entre Trump y Putin para inyectar en el mercado volúmenes de diésel ruso pensamos que no tiene sustancia como para impactar el mercado global, pero sí dañará aún más el precario mercado doméstico ruso.

Los fenómenos naturales también ejercen presión sobre el panorama energético. El huracán Isaías, formado en el golfo de México, tocó tierra en el estado de Florida, afectando la producción, el transporte marítimo y la refinación durante su paso por el golfo de América (antes de México). El huracán ya ha provocado el cierre temporal de alrededor de 350 mil barriles por día  de producción de crudo y de 1.000 millones de pies cúbicos diarios de gas natural. 

Además, el viernes 9 de octubre, un terremoto de magnitud 7,6 MW sacudió Panamá y áreas cercanas, lo que activó una alerta de tsunami y de oleaje extremo. Aunque todavía se desconoce el impacto humano, es probable que el evento afecte las operaciones del canal de Panamá. 

Por otro lado, la administración Trump aspiraba a compensar, al menos parcialmente, los riesgos de suministro derivados de las guerras mediante el aprovechamiento de las considerables reservas de hidrocarburos de Venezuela. Esta estrategia se apoyaba en el fuerte control tutelar ejercido sobre el gobierno interino desde enero. Esto ha  resultado ser una iniciativa demasiado ambiciosa, ya que no reflejaba adecuadamente la realidad venezolana. 

La política de Trump respecto de las actividades petroleras y mineras de Venezuela responde a dos objetivos: uno inmediato, de carácter electoral, puramente anunciativo; y otro, de mediano y largo plazo, orientado a fortalecer la seguridad energética de Estados Unidos y del hemisferio occidental.

Venezuela

Proyecciones de producción – el petróleo no sale solo:

En las últimas semanas, las empresas beneficiadas con la adjudicación de campos y bloques petroleros han anunciado planes de inversión y de producción para los próximos años. Algunos de estos anuncios corresponden a las obligaciones de hacer públicos eventos materiales según las reglas que rigen a las empresas listadas en los mercados de capitales; otros, con objetivos netamente especulativos, no dudan en presentar proyecciones infladas. 

Algunos analistas se han dado a la tarea de  proyectar la producción futura del país con base en todas estas proyecciones individuales, sin analizarlas con el debido cuidado. Los cuellos de botella operacionales, jurídicos y estructurales de la industria son límites objetivos que esas proyecciones parecen obviar. Aunque Venezuela posee las mayores reservas de hidrocarburos fuera de Oriente Medio, las limitaciones operativas e institucionales de su industria, así como los propios ritmos de la actividad petrolera, impiden que el país contribuya de inmediato a aliviar la crisis mundial de suministro.

Tras la instauración del gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, se inició una apertura petrolera algo anárquica, caracterizada por la ampliación de áreas a compañías como Chevron, la adjudicación directa de bloques y campos, la sustitución de operadores con amplia trayectoria en el país por empresas de menor escala y experiencia, y el anuncio de una compleja operación denominada «Mega Deal», pese a los cuestionamientos reputacionales vinculados a su mayor accionista y los deficits tecnicos de esa empresa.

Todo este proceso, que se inició con la modificación de la Ley OH y la publicación de su Reglamento, ha dado lugar, según el régimen, a más de cien acuerdos. Algunos con reconocidas compañías internacionales como Chevron, Repsol, Eni, TotalEnergies y BP; y otros, con empresas cuya capacidad técnica y financiera parece insuficiente si la asignación hubiese pasado por un proceso competitivo de acreditación. La falta de transparencia también habría propiciado un mercado secundario de CPP durante su conversión a CPPH, es decir, durante su adecuación a las exigencias de la nueva LOH, un mercado poco transparente.

La producción petrolera venezolana se sitúa actualmente entre 1,0 y 1,1 MMBPD, incluido el condensado. Y aunque esta cifra representa un crecimiento moderado en el año, equivale a apenas el 30 % de los 3,4 millones de barriles por día que el país producía a finales del siglo pasado. 

Nueve meses después de la defenestración de Nicolás Maduro, los analistas internacionales coinciden en que transformar los anuncios de inversión en un flujo de producción capaz de incidir en el mercado mundial requerirá entre 100.000 y 220.000 millones de dólares de financiamiento sostenido, además de un proceso de reconstrucción que durará más de una década.

El sector muestra señales de reactivación, impulsadas inicialmente por Chevron y, posteriormente, por operadores como Repsol, Maurel & Prom y algunos CPP que ya operaban al amparo de la Ley Antibloqueo. Los nuevos contratos tendrán que pasar por las etapas iniciales comunes a toda decisión de inversión: auditorías, estudios de línea base ambiental y estudios de yacimiento, antes de iniciar operaciones en el campo, probablemente hacia mediados de 2027, dependiendo de la naturaleza de cada campo. 

Diversos informes y análisis de mercado coinciden en que el riesgo país sigue siendo muy elevado debido a la inestabilidad política, la inseguridad jurídica y la corrupción sistémica, factores que limitan el valor estratégico de sus vastas reservas de crudo y de otros sectores. En suma, si la estrategia estadounidense es que Venezuela tenga una incidencia en el déficit mundial de suministro, esto no ocurrirá en un futuro cercano. 

Política

En el juicio contra Nicolás Maduro y Cilia Flores en Nueva York, el juez desestimó la petición de la defensa de Flores para concederle el arresto domiciliario por razones de salud. Además, la fiscalía  anunció una acusación supletoria contra Maduro y Flores por ordenar a altos funcionarios que llevaran a cabo torturas contra ciudadanos norteamericanos y venezolanos.

En Washington, Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional en 2015, fue recibida por Marco Rubio para conversar sobre las reuniones entre la oposición y el chavismo, así como sobre el cronograma electoral. Rubio aboga por la paciencia de un país que lleva dos décadas esperando un cambio político que nunca llega.

Economía

En reuniones con Fedecámaras (el gremio de empresas privadas), la presidenta interina rechazó la dolarización y anunció que, gracias a los buenos oficios de Catar, Venezuela podrá ponerse al día con el BID y la CAF con ayuda catarí y así optar a recibir $12 mil millones en financiamiento multilateral en los próximos dos años. La Superintendencia Tributaria (Seniat), bajo una nueva administración, elevó los montos recaudados, aunque el incremento fue licuado por el efecto de la inflación.

La aparentemente incontrolable brecha cambiaria volvió a superar el 15%: la tasa de cambio oficial cerró la semana en 875 Bs./$, mientras que la tasa en el mercado alterno cerró en 1015 Bs./$. La inflación de octubre, aunque aún no ha sido publicada por el Banco Central de Venezuela (BCV), será superior a la de septiembre.

Operaciones petroleras

En el ámbito operacional, destaca un accidente ocurrido en la refinería de Cardón (CRP), en el occidente del país,  que obligó a una parada total de la refinería. Según información oficial, este domingo 11 se iniciaba el arranque secuencial de las unidades.

En los campos de producción, las cosas han avanzado con normalidad; se observan equipos petroleros desplazándose por las carreteras, en lo que parece ser el preludio de una mayor actividad de mantenimiento y de recuperación de pozos perforados pero actualmente sin producir (llamados Categoría 2). 

La última semana registró una producción de 982 mil barriles por día (Mbpd) de crudo y 22 Mbpd de condensado. La producción de crudo se distribuyó geográficamente de la siguiente manera:

  • Occidente 281
  • Oriente 111
  • Faja del Orinoco 590
  • Total 982

Chevron produjo 274 Mbpd (occidente y oriente), mientras que Maurel et Prom y Repsol produjeron 36 Mbpd y 40 Mbpd, respectivamente. En la Faja del Orinoco, PetroCedeño (Nabep) produjo 46 Mbpd; PetroSinovensa, 93 Mbpd; y PetroMonagas, 92 Mbpd. La producción total de NABEP (occidente y oriente) se situó en 156 Mbpd.

Las operaciones propias de Pdvsa representan hoy solo el 12% de la producción total.

Las refinerías nacionales procesaron 257 Mbpd de crudo y productos intermedios, y produjeron 70 Mbpd de gasolina y 80 Mbpd de diésel. 

El Complejo Petroquímico de José mantuvo su nivel de utilización en el 76% en las plantas de metanol y de amoníaco/urea. 

Las exportaciones de crudo se están realizando según lo programado, aunque el huracán Isaias podría afectar levemente el movimiento de los tanqueros en el golfo de América.

Rusia/Ucrania

La guerra entre Rusia y Ucrania se encuentra en una fase crítica, marcada por un punto muerto militar en el frente, brutales ofensivas rusas contra infraestructuras civiles y un incremento de los ataques ucranianos contra la infraestructura energética rusa, todo ello en medio de una intensa actividad diplomática de la administración de Donald Trump que parece responsabilizar, otra vez,  al presidente Zelenski de la guerra y ahora, por añadidura ,de la crisis de suministro del diesel. Trump exige que se celebren elecciones en Ucrania.  Zelenski ha respondido que Ucrania las organizará si Putin acuerda un cese al fuego de sesenta días y se acepta la voluntad de los ucranianos.

Estados Unidos

La producción de crudo en EE.UU. se vio afectada por el cierre de las plataformas en el golfo de América debido al paso del huracán Isaias; la temporada había transcurrido sin huracanes hasta octubre.

Pero la actividad de desarrollo parece acelerarse al no vislumbrarse un fin del conflicto en el Medio Oriente a corto plazo y, por tanto, la expectativa de precios altos. En efecto, según el informe semanal de Baker Hughes, los taladros activos aumentaron en 6 unidades y están dedicados exclusivamente a la perforación en las cuencas de “shale oil”. Asimismo, la consultora Primary Vision indica que ha habido una tendencia creciente en la actividad de fracturamiento, con 28 “frac spreads” más que en el mismo periodo del año pasado. En el mismo orden de ideas, el gobierno está incentivando la reactivación de la refinería en la isla de Saint Croix (antes parte del circuito de Pdvsa), con efecto a partir de 2027. 

Dinámica de los precios petróleo y gas

El mercado petrolero experimentó una semana de fuertes oscilaciones. Comenzó a la baja el lunes debido al aumento temporal de las exportaciones en Oriente Medio, pero repuntó con fuerza a partir del jueves por nuevos ataques de los rebeldes hutíes contra infraestructuras saudíes y por nuevas amenazas al tránsito en el Estrecho de Ormuz. Además, el huracán Isaías  paralizó aproximadamente una cuarta parte de la producción de crudo en el Golfo de México. 

Así, el crudo Brent  arrancó el mes en torno a los $98/bbl, cerrando la semana al alza en $104,72/BBL; el marcador  WTI mostró un comportamiento similar, cerrando en torno a los $91,85 por barril. La cesta venezolana, en línea con los precios internacionales, alcanzó un promedio de $81,5 por barril.

Por su parte, el gas natural experimentó subidas de más de 10% en el mercado europeo, mientras que en Estados Unidos avanzó de forma más moderada pero constante.

El marcador TTF europeo fue el activo más afectado de la semana, disparándose cerca del 12 % hasta alcanzar los €81,05/MWh. El nerviosismo internacional se sumó a la preocupación de que los inventarios europeos (situados al 73 % de su capacidad, frente al 88% habitual en estas fechas) dejaran al continente expuesto ante el invierno.

El gas natural en EE. UU. (Henry Hub) mostró resistencia al alza, cotizando en el rango de 3,20 dólares por MMBtu. La presión alcista generada por el huracán Isaías (que suspendió el 16% de la producción del Golfo) fue parcialmente contrarrestada por los altos niveles de almacenamiento subterráneo acumulados en el país.


El candidato no es el cargo: la diferencia entre ganar una elección y saber gobernar

 

El candidato no es el cargo: la diferencia entre ganar una elección y saber gobernar

El candidato no es el cargo: la diferencia entre ganar una elección y saber gobernar

En política existe una confusión que merece mayor atención: creer que la capacidad para ganar una elección es suficiente para ejercer con solvencia el cargo que se obtiene. Sin embargo, competir electoralmente y gobernar son actividades distintas, con exigencias, responsabilidades y competencias que no siempre coinciden.

Una campaña electoral requiere liderazgo, comunicación, organización, conocimiento del electorado y capacidad para construir una propuesta capaz de conectar con las preocupaciones ciudadanas. El ejercicio de una función pública, en cambio, exige además planificación, conocimiento institucional, administración de recursos, toma de decisiones y responsabilidad frente a los resultados.

Esta diferencia no es menor. De ella depende, en buena medida, la manera en que una candidatura comprende su propósito y se prepara para asumir las obligaciones que implica representar a la ciudadanía.

El debate, por tanto, no debería limitarse a quién reúne las condiciones para competir por un cargo de elección popular, sino extenderse a una pregunta más profunda: ¿qué preparación necesita una persona para transformar el respaldo electoral en una gestión pública responsable y efectiva?

La política requiere liderazgo, pero también preparación

La política democrática necesita dirigentes capaces de interpretar las demandas sociales, articular intereses diversos y construir acuerdos. No obstante, el liderazgo político no puede reducirse a la popularidad, la capacidad de convocatoria o la habilidad para pronunciar discursos convincentes.

Dirigir una institución pública implica trabajar con normas, presupuestos, procedimientos administrativos, equipos humanos y recursos que pertenecen a la colectividad. También supone reconocer límites legales, evaluar alternativas y asumir las consecuencias de las decisiones adoptadas.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha destacado la importancia del liderazgo, la visión estratégica y la formulación de políticas basadas en evidencia como elementos que contribuyen a una gobernanza pública sólida. Aunque buena parte de estas recomendaciones se refiere a las capacidades de las administraciones públicas, sus planteamientos permiten comprender la relevancia de conectar la orientación política con las condiciones reales de ejecución.

Un dirigente puede tener una visión legítima sobre el futuro de su municipio, estado o país. Sin embargo, esa visión necesita traducirse en objetivos, prioridades, instrumentos de gestión y decisiones viables. De lo contrario, corre el riesgo de permanecer en el terreno de las aspiraciones.

La preparación para ejercer un cargo público no debe entenderse como un requisito exclusivo de quienes poseen títulos universitarios o han desarrollado una carrera dentro de la administración. La experiencia comunitaria, el conocimiento del territorio, la capacidad de escuchar y el compromiso con el interés general también son valiosos. El desafío consiste en reconocer las propias fortalezas, identificar las limitaciones y adquirir las competencias necesarias para cumplir las responsabilidades del cargo.

Ganar una elección no significa saber administrar

Una candidatura puede construir una propuesta atractiva y obtener un respaldo ciudadano significativo. Pero, una vez asumida la responsabilidad pública, aparecen desafíos que no se resuelven únicamente mediante la comunicación política.

¿Cómo se establecen las prioridades cuando las necesidades superan los recursos disponibles? ¿Cómo se determina si un programa público está produciendo los resultados esperados? ¿Cómo se conforma un equipo competente? ¿Qué mecanismos permiten supervisar el presupuesto y explicar a la ciudadanía el uso de los recursos?

Estas preguntas forman parte de la gestión pública y deberían estar presentes antes de que comience una campaña electoral.

La OCDE (2020) sostiene que las decisiones públicas informadas requieren identificar problemas, evaluar evidencia, considerar distintas opciones y examinar las condiciones necesarias para ejecutar las políticas. En consecuencia, una propuesta política responsable debe ir más allá de enumerar necesidades o formular promesas: necesita explicar, al menos en sus aspectos esenciales, cómo pretende atenderlas.

Esto resulta especialmente importante en el ámbito municipal. Un aspirante a una alcaldía, por ejemplo, debe conocer las competencias legales del gobierno local, las características de su presupuesto, las condiciones de los servicios públicos y las posibilidades reales de coordinación con otras instituciones. No basta con identificar los problemas de una comunidad; es necesario comprender cuáles puede resolver directamente, cuáles requieren cooperación institucional y cuáles exceden sus atribuciones.

Algo semejante ocurre con los concejales y legisladores. Su responsabilidad no consiste solamente en representar opiniones o defender demandas sectoriales. También comprende el conocimiento de sus funciones, el análisis de las normas, la deliberación, el control institucional y, según las atribuciones de cada órgano, la evaluación de decisiones y políticas públicas.

La preparación, por tanto, debe guardar relación con el cargo al que se aspira. Cada responsabilidad pública tiene un marco jurídico, unas competencias y unas exigencias particulares que el candidato necesita conocer.

Del diagnóstico a los resultados: la importancia de planificar

Uno de los errores que pueden debilitar una gestión pública es confundir la formulación de promesas con la planificación de soluciones.

Prometer la recuperación de un servicio, la construcción de una infraestructura o la ampliación de un programa social puede expresar una aspiración legítima. Sin embargo, para convertir esa aspiración en una política pública es necesario identificar el problema, establecer objetivos, estimar recursos, determinar responsabilidades y definir mecanismos de seguimiento y evaluación.

La planificación no elimina la incertidumbre ni garantiza por sí sola el éxito. Sí permite ordenar las decisiones, anticipar dificultades y establecer criterios para evaluar los avances.

En este sentido, el aspirante a un cargo público debería aprender a formular preguntas que acompañen cada compromiso electoral: ¿qué problema concreto se pretende resolver?, ¿a quiénes afecta?, ¿qué competencia institucional permite intervenir?, ¿qué recursos serían necesarios?, ¿en cuánto tiempo podrían alcanzarse los resultados? y ¿cómo se informará a la ciudadanía sobre el cumplimiento de lo ofrecido?

Estas preguntas no buscan descalificar las aspiraciones políticas ni convertir las campañas en documentos técnicos inaccesibles para el ciudadano. Su propósito es contribuir a que las propuestas sean comprensibles, verificables y compatibles con las responsabilidades del cargo.

La diferencia entre una promesa y un compromiso de gestión comienza precisamente allí: en la disposición a explicar no solo lo que se desea hacer, sino también las condiciones, los límites y los mecanismos para hacerlo.

La comunicación no sustituye a la gestión

En una sociedad caracterizada por la circulación permanente de información, la comunicación política constituye una herramienta fundamental. Permite explicar propuestas, escuchar demandas, rendir cuentas y establecer una relación entre los representantes y la ciudadanía.

Pero la comunicación tiene límites. Una estrategia eficaz puede ayudar a transmitir decisiones y resultados; no puede sustituir indefinidamente la ausencia de ambos.

Cuando existe una distancia persistente entre lo anunciado y lo ejecutado, la credibilidad de un dirigente puede verse comprometida. Por ello, la comunicación pública debe mantener una relación coherente con la gestión y con la información disponible sobre sus resultados.

Quien aspira a un cargo de elección popular necesita comprender que la comunicación no comienza ni termina con la campaña. Durante el período electoral, permite presentar una propuesta y explicar una visión. Durante el ejercicio del cargo, debe servir también para informar sobre decisiones, justificar prioridades, reconocer dificultades y facilitar el escrutinio ciudadano.

Esta perspectiva exige superar una concepción de la comunicación entendida exclusivamente como promoción de la imagen personal. La ciudadanía no necesita solamente conocer lo que un dirigente dice que hará; también necesita comprender qué decisiones adopta, cómo las ejecuta y qué resultados obtiene.

La transparencia y la rendición de cuentas, en consecuencia, no deberían incorporarse como recursos de última hora para enfrentar una crisis reputacional. Deben formar parte de la concepción misma del ejercicio responsable de la función pública.

Un equipo competente también forma parte del liderazgo

La preparación de un dirigente no implica que deba dominar personalmente todas las áreas de la administración. Ninguna persona reúne por sí sola todos los conocimientos técnicos, jurídicos, económicos y organizativos que requiere una institución pública compleja.

Una de las competencias esenciales del liderazgo consiste, precisamente, en reconocer la necesidad de trabajar con equipos capacitados, distribuir responsabilidades y escuchar opiniones distintas.

La OCDE (2020) identifica entre las capacidades relevantes del liderazgo público la orientación por valores, la inclusión, la responsabilidad sobre la organización y la colaboración. Estos elementos permiten comprender que dirigir no consiste únicamente en impartir instrucciones, sino también en crear condiciones para que las personas y las instituciones puedan cumplir sus objetivos.

En el ámbito político, esto supone evitar que la selección de colaboradores responda exclusivamente a la lealtad personal, la cercanía partidista o la participación en la campaña. La confianza es importante, pero debe coexistir con la preparación, la integridad y la capacidad para desempeñar las funciones asignadas.

Un equipo competente también debe estar dispuesto a advertir sobre los riesgos de una decisión, cuestionar supuestos equivocados y proponer alternativas. Un dirigente que solo escucha aquello que confirma sus propias ideas reduce sus posibilidades de comprender los problemas y corregir errores a tiempo.

El liderazgo democrático requiere, por tanto, capacidad para decidir y también disposición para escuchar. La autoridad no pierde valor cuando reconoce el conocimiento de otros; puede fortalecerse cuando lo utiliza para mejorar la calidad de sus decisiones.

La responsabilidad comienza antes de la elección

La formación de quienes aspiran a ejercer funciones públicas no debería depender exclusivamente de las dificultades que encuentren una vez electos. Existe una oportunidad para que los propios partidos políticos, organizaciones ciudadanas, universidades y centros de formación promuevan programas que permitan comprender mejor las responsabilidades del servicio público.

Estos espacios pueden contribuir a desarrollar conocimientos básicos sobre el marco constitucional y legal, la planificación, el presupuesto, las políticas públicas, la comunicación institucional, la ética y los mecanismos de control democrático.

No se trata de imponer un perfil único de dirigente ni de establecer que solo quienes poseen determinada formación académica pueden aspirar a representar a sus conciudadanos. Se trata de promover una cultura política en la que la preparación sea valorada como parte de la responsabilidad asumida ante los electores.

También sería conveniente que las organizaciones políticas evaluaran sus propios procedimientos de selección y formación de candidaturas. La construcción de liderazgos no debería agotarse en la identificación de personas con capacidad de convocatoria; necesita incorporar la preparación para el ejercicio de las funciones que podrían desempeñar.

Del mismo modo, la ciudadanía puede contribuir a este proceso cuando examina las propuestas, contrasta las promesas con las competencias reales del cargo y solicita explicaciones sobre los mecanismos previstos para alcanzar los objetivos anunciados.

La calidad de la representación no depende exclusivamente de una persona. También está relacionada con las organizaciones que la promueven, las instituciones en las que ejerce sus funciones y los ciudadanos que demandan información y responsabilidad.

La política necesita candidatos preparados para gobernar

La democracia no puede reducirse a la competencia por obtener votos. Las elecciones constituyen un mecanismo fundamental para seleccionar representantes y autoridades, pero el sentido de esa competencia se completa con el ejercicio de las responsabilidades públicas dentro del marco legal y bajo mecanismos de control.

Por ello, quienes aspiran a una alcaldía, una concejalía, una gobernación, una diputación o cualquier otra responsabilidad de elección popular deberían formularse una pregunta antes de presentar su candidatura: ¿qué necesito aprender, comprender y organizar para ejercer adecuadamente este cargo?

La respuesta no será idéntica para todos. Dependerá de las competencias del puesto, de las condiciones de la institución y de los problemas que deban atenderse. Sin embargo, debería incluir una disposición permanente a aprender, una comprensión clara de las responsabilidades legales, capacidad para trabajar con evidencia, compromiso con la transparencia y voluntad de evaluar los resultados.

La política necesita liderazgo, ideas y capacidad para convocar a la sociedad. La gestión pública requiere, además, preparación, planificación, coordinación y responsabilidad. Ambas dimensiones deben relacionarse si se pretende que las aspiraciones electorales se traduzcan en respuestas concretas a las necesidades colectivas.

Al final, la diferencia entre ganar una elección y saber gobernar no radica en la distancia entre la política y la administración, sino en la capacidad de comprender que ambas forman parte de una misma responsabilidad democrática.

El verdadero desafío de una candidatura no consiste únicamente en convencer a los ciudadanos de que merece su voto, sino en prepararse para responder, con hechos y decisiones, a la confianza que ese voto representa.

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Engels Espina Molero

Abogado. Máster en Dirección en la Gestión Pública. Exconcejal y exsíndico procurador del municipio Almirante Padilla.

Gremios laborales marchan hacia Miraflores para exigir aumentos en salarios y pensiones

 

Gremios laborales marchan hacia Miraflores para exigir aumentos en salarios y pensiones

Trabajadores del sector público, jubilados y representantes sindicales salieron a las calles del centro de Caracas este martes para manifestar por sus reivindicaciones económicas. La movilización partió desde las inmediaciones de la sede del IPASME en La Hoyada con el propósito claro de llegar hasta el Palacio de Miraflores. Las organizaciones gremiales buscan entregar una petición formal ante la sede del Ejecutivo para solicitar el ajuste de sus retribuciones básicas.

El recorrido de la marcha abarca puntos clave de la capital venezolana. Los manifestantes avanzan a través de la avenida Fuerzas Armadas con dirección a la esquina de Socorro y la plaza del Banco Central de Venezuela, en la parroquia Altagracia. El Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea) monitorea el trayecto de los trabajadores activos y pensionados, quienes portan pancartas con sus solicitudes de sueldos acordes al costo de la vida.

Esta manifestación responde al estancamiento de la remuneración básica oficial, cuyo monto se mantiene fijado en 130 bolívares mensuales desde marzo de 2022. La severa devaluación y la inflación acumulan una pérdida sustancial del poder adquisitivo del personal laboral. Frente a este panorama, los gremios de la salud, la educación y la administración pública demandan una nivelación salarial urgente y el pago de bonificaciones decembrinas con valor real.

La protesta pacífica en la capital cuenta con réplicas en las sedes de las zonas educativas de distintos estados del país. Los portavoces sindicales destacan la urgencia de reponer la contratación colectiva y el respeto a la estabilidad social de la clase trabajadora. Asimismo, diversas organizaciones no gubernamentales reiteran que el Estado debe garantizar un ingreso digno a todos los asalariados y jubilados del territorio nacional.

Etiquetas ideológicas

 

Etiquetas ideológicas 

La verdad es que las etiquetas en el campo de las identidades ideológicas, facilitan mucho la comunicación al simplificar conjuntos complejos en una o dos palabras. Son muy favorecidas por el periodismo improvisado, y por muchos «influencers» tan posicionados como gaseosos, que navegan en las redes sociales.

Así, por ejemplo, un partido político de ideología indefinida o inasible, como el PP español, es de derechas… Y una banda criminal como el gobierno de Sánchez, es de izquierdas… Flavio Bolsonaro es ultraderechista, sin que no pocos de los que así lo etiquetan tengan idea de lo que eso significa. Y a Lula se le unge de progresista, cuando ya ese término no tiene contenido en el caso de uno de los regímenes más corruptos del hemisferio.

Macron que es todo y es nada, se autodefine como post-ideológico… Una estadista alejada de los extremos, como la italiana Meloni es tachada de fascista. Y unos dictadores bribones como los Ortega Murillo se les considera comunistas. Se erosionan las ideologías o se mezclan entre sí y con la criminalidad organizada, pero el lenguaje se queda rezagado para tratar de definir las realidades políticas y, peor aún, se desnaturaliza, por pereza o por malicia.

Las palabras son poder y el poder de las palabras, mal utilizado, colabora en engendrar narrativas falsas que luego quedan como esculpidas en la memoria o desmemoria colectiva. Nada nuevo bajo el sol, o acaso ya se olvidó la máxima nazi de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.

 

Venezuela: desenredar el pasado, reconstruir el futuro

 

Venezuela: desenredar el pasado, reconstruir el futuro

Venezuela quedó atrapada durante más de un cuarto de siglo en un enredo político, institucional y económico que ha dejado profundas consecuencias en la vida nacional. El chavismo, desde sus primeros pasos, utilizó un discurso de ruptura, promesas y ofrecimientos que logró envolver a una parte importante del pueblo venezolano. Hugo Chávez convirtió su verbo en un instrumento de poder y presentó su proyecto como la respuesta definitiva a todos los males del país.

Después del intento de golpe del 4 de febrero de 1992, derrotado por el presidente Carlos Andrés Pérez y por las instituciones democráticas, Chávez pasó de ser un militar golpista a convertirse en una figura política de creciente influencia. En 1998 llegó a la Presidencia por la vía electoral, acompañado de un discurso que prometía transformar radicalmente a Venezuela.

Fue el comienzo de un proceso que terminaría modificando profundamente la estructura política e institucional del país.

La nueva Constitución de 1999 cambió las bases institucionales de la República y amplió las facultades del Poder Ejecutivo. Con el paso de los años, el poder fue concentrándose cada vez más, mientras se debilitaban los contrapesos necesarios para preservar el equilibrio democrático.

Pero el proyecto no se limitó a Venezuela.

El interés de Fidel Castro por el petróleo venezolano tenía antecedentes lejanos. En enero de 1959, durante su visita a Venezuela, se reunió con Rómulo Betancourt, entonces presidente electo, y le planteó la posibilidad de obtener petróleo en condiciones preferenciales. Betancourt se mantuvo firme y rechazó aquella pretensión. Ese episodio permite apreciar el contraste entre la posición que asumió entonces el liderazgo democrático venezolano y la política que, décadas después, adoptaría el chavismo frente a Cuba.

Décadas después, con la llegada de Chávez al poder, la relación con Cuba tomó un rumbo distinto. En el año 2000, Hugo Chávez y Fidel Castro suscribieron un acuerdo de cooperación mediante el cual Venezuela suministraba petróleo a Cuba en condiciones preferenciales y recibía bienes y servicios cubanos.

Para quienes observábamos aquel proceso con preocupación, esa relación representaba mucho más que un simple convenio de cooperación. Era el comienzo de una influencia política que fue adquiriendo dimensiones cada vez mayores en asuntos fundamentales de la vida venezolana.

El petróleo, nuestra principal riqueza, dejó de ser únicamente una fuente de ingresos para convertirse también en instrumento de política exterior. Venezuela amplió sus vínculos con China, Rusia e Irán y utilizó parte de su capacidad energética para construir relaciones internacionales que respondían a la estrategia geopolítica del chavismo.

Con China se establecieron importantes mecanismos de financiamiento respaldados por entregas de petróleo. Con Irán se desarrollaron intercambios petroleros y cooperación técnica. Rusia pasó a ocupar igualmente un lugar destacado en las relaciones estratégicas del gobierno venezolano.

Mientras tanto, nuestra industria petrolera se debilitaba.

Con los años, la producción petrolera venezolana sufrió una profunda caída y PDVSA perdió buena parte de su capacidad productiva. La EIA estima que en 2023 Venezuela produjo unos 742.000 barriles diarios, cerca de 70% menos que en 2013, en un contexto marcado por el deterioro de la empresa, la falta de inversión y graves problemas operativos y financieros.

Así se fue formando el gran enredo venezolano.

No fue solamente un problema de gobierno. Fue un proceso de penetración política, debilitamiento institucional, dependencia económica y utilización de los recursos nacionales para objetivos que muchas veces estuvieron alejados de las necesidades fundamentales de los venezolanos.

También participaron en ese proceso sectores que se presentaban como democráticos y que, por conveniencia, ingenuidad o intereses particulares, terminaron aceptando situaciones que debieron ser enfrentadas con mayor firmeza. Instituciones militares, diplomáticas y civiles fueron progresivamente incorporadas a una lógica política que terminó afectando su autonomía.

La relación con Cuba adquirió una importancia especial. Fidel Castro había comprendido el enorme valor estratégico de Venezuela y de su petróleo. Desde esa perspectiva, el chavismo representó una oportunidad extraordinaria para proyectar la influencia cubana y fortalecer una alianza que trascendía las fronteras de ambos países.

Venezuela, mientras tanto, fue entregando progresivamente espacios de autonomía.

El resultado está a la vista: pobreza, deterioro institucional, emigración masiva, destrucción de buena parte del aparato productivo, una industria petrolera que perdió buena parte de su capacidad y una PDVSA debilitada, lejos de la fortaleza que alguna vez tuvo.

Han sido años de confusión, de ilusiones perdidas y de promesas que no se correspondieron con la realidad. Un país que durante décadas había construido una experiencia democrática con todos sus defectos terminó sometido a una profunda fractura política, económica y social.

Por eso es necesario mirar nuevamente nuestra historia.

La democracia venezolana, nacida en 1958, permitió durante décadas la alternancia pacífica en el poder y la construcción de instituciones civiles. Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Raúl Leoni, Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campíns y Jaime Lusinchi forman parte de esa etapa de nuestra historia, con sus aciertos y sus errores.

No se trata de idealizar aquel período. Se trata de reconocer que la democracia, aun con sus imperfecciones, ofrecía un principio fundamental: el poder tenía límites y podía ser sustituido mediante el voto.

Ese principio es el que Venezuela necesita recuperar.

El gran desafío que tenemos por delante es desenredar todo aquello que durante estos años fue deliberadamente o progresivamente enredado: la política de las instituciones, el petróleo de los intereses geopolíticos, la Fuerza Armada de la lucha partidista, la diplomacia de las dependencias externas y el Estado de los intereses de quienes lo han utilizado como instrumento de poder.

Venezuela no necesita otro encantador de serpientes. Tampoco necesita otro salvador.

Necesita instituciones.

Necesita recuperar el valor de la ley, del trabajo, de la educación, de la producción y de la libertad. Necesita reconstruir la confianza entre los venezolanos y recuperar una convivencia en la que las diferencias políticas no sean motivo de destrucción nacional.

La reconciliación es uno de los elementos fundamentales de esa reconstrucción. Necesitamos reconocernos nuevamente como venezolanos, escucharnos con respeto y abrazarnos bajo un propósito común: hacer de Venezuela un país de bienestar y oportunidades para todos. Cada ciudadano debe encontrar espacio para contribuir, con sus ideas y su esfuerzo, al futuro de la nación.

Después de tantos años, el pueblo venezolano tiene derecho a recuperar la esperanza. Pero esa esperanza no puede volver a descansar en promesas providenciales ni en hombres que se presenten como los únicos capaces de salvar a la República.

Debe descansar en los ciudadanos, en las instituciones y en la democracia.

El enredo ha sido largo y doloroso. Desenredarlo será una tarea enorme. Pero Venezuela puede hacerlo si vuelve a confiar en la voluntad de sus ciudadanos, en la fuerza de sus instituciones y en la capacidad de su pueblo para recuperar, por la vía democrática, el país que merece.

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