Para el libro Guinness de los Records: el secretario general de Unasur viene siendo declarado inocente desde 1982. El expresidente de Colombia Ernesto Samper Pizano es uno de los hombres más aguerridos y más baleados en la historia moderna de su país
En agosto del año pasado, el expresidente colombiano Ernesto Samper Pizano fue confirmado como nuevo secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas, Unasur, gracias al consenso de los 12 países que integran la organización regional, según anunció el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
Samper es el hombre para el cargo. Resulta lamentable que su mandato no sea a perpetuidad, pues tiene dos facultades que podrían asegurarle la inmortalidad: su inmunidad ante las balas, y su imperecedera inocencia.
El 3 de marzo de 1989, siendo senador por el Partido Liberal, Samper se hallaba conversando en el aeropuerto de Bogotá con José Antequera, dirigente del partido izquierdista Unión Patriótica.
De repente, aparecieron unos sicarios de algún escuadrón de la muerte, asesinaron a Antequera y le alojaron a Samper 13 disparos en el cuerpo. El dirigente político colombiano mostró que tiene el cuero bastante duro, pues cinco meses después, volvió a caminar.
Además de ser prácticamente invulnerable a las balas, Samper ha logrado sobrevivir a toda clase de calumnias. En distintas ocasiones fue acusado de recibir aportes financieros de los carteles de la droga que presuntamente intentaban ayudarlo en sus campañas electorales.
Samper ha negado de manera reiterada esas denuncias. Ya desde comienzos de la década de los 80 del siglo pasado ha expresado su castidad en relación a los cargos formulados por sus enemigos. Sus protestas de inocencia podrían formar parte del Libro Guinness de los Records.
En 1982 el expresidente Alfonso López Michelsen llamó a Samper para que fuese el coordinador de su campaña por la reelección. En esa ocasión, ganó el candidato conservador Belisario Betancur.
En 1983, el célebre y malogrado narcotraficante Pablo Escobar Gaviria declaró en una entrevista por radio que había contribuido con 300.000 dólares a la campaña de López Michelsen coordinada por Samper.
El narcotraficante expresó su indignación porque el dirigente liberal no había admitido la recepción del regalo. (Las denuncias fueron recogidas por The Miami Herald y por NewsBriefs: Mary Beth Sheriden y Juan O. Tamayo, "Millions Given to Samper by Drug Lords, Sources Say," Miami Herald, 6 de noviembre de 1995; Mary Beth Sheriden, "Samper Scandal Ends an Era in Drug-Corrupted Colombia," Miami Herald, 5 de noviembre de 1995.
En cuanto al trasfondo de los hechos, ver "Drug Scandal Implicates Colombian President," NewsBriefs, octubre de 1995 y http://www.ndsn.org/dec95/colombia.html).
Por su parte la Drug Enforcement Administration (DEA) la agencia antidrogas de Estados Unidos, recibió en 1993 declaraciones de un informante quien dijo que Gilberto y Miguel Rodriguez Orejuela, jefes del cartel de Cali, se negaron a entregar dinero a una campaña electoral “porque ya habían contribuido a la campaña de Samper”. (NewsBriefs, octubre de 1995).
EL PROCESO 8.000
El proceso 8000 fue emprendido contra Samper cuando ya era presidente de Colombia, tras ser acusado de recibir financiamiento del cartel de Cali durante la segunda etapa de su campaña presidencial.
Días después de realizarse la segunda vuelta electoral de 1994 para la presidencia de Colombia a dirimirse entre Samper y Andrés Pastrana, el entonces presidente César Gaviria recibió de Pastrana unos casetes bastante comprometedores.
Gaviria envió los casetes al Fiscal General de la Nación Gustavo de Greiff, quien no movió un dedo para poner los casetes en una grabadora. El sucesor del Fiscal General, Alfonso Valdivieso, más curioso, oyó los casetes y el 20 de junio de 1995, ya siendo presidente Samper, los divulgó.
En las grabaciones, el periodista Alberto Giraldo aparecía conversando con los hermanos Miguel Rodríguez Orejuela y Gilberto Rodríguez Orejuela, jefes del Cartel de Cali, mencionando aportes monetarios para apoyar la campaña de Samper.
El presidente en ejercicio desestimó los casetes y las acusaciones. Pero el 12 de septiembre de 1995, Santiago Medina ex tesorero de la campaña presidencial de Samper, confesó el ingreso de dineros ilícitos a la campaña presidencial.
Quizás más crédulos que los congresistas colombianos, funcionarios del departamento de Estado anunciaron el 1º de julio de 1996 que habían decidido cancelar la visa de entrada a Samper.
Menudearon las acusaciones, pero Samper defendió su buen nombre y honor. Señaló una y otra vez que había sido “víctima de un atentado moral”, que no había recibido un céntimo de los narcos, y que si personas allegadas a su campaña electoral habían sido seducidas por los cantos de sirena de los barones de la cocaína, todo había sido hecho a sus espaldas.
Se formularon denuncias contra decenas de políticos, periodistas, deportistas y miembros de la farándula, entre ellos el ex ministro de Defensa Fernando Botero Zea. El que causó más daño a Samper fue justamente el hijo del famoso pintor colombiano.
Botero Zea, quien fue a parar a la cárcel por los presuntos vínculos entre el cartel de Cali y el gobierno, dijo el 22 de enero de 1996 que el presidente Samper “sí sabía”.
El 27 de febrero de 1996, la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes liderada por el congresista Heyne Mogollón decidió abrir una investigación formal contra Samper.
Los 15 miembros de la comisión, tras analizar las pruebas entregadas por el fiscal Valdivieso, entre ellas el video del narcotraficante Pablo Escobar en el que reconocía haber entregado dinero a Samper en la campaña de 1982, estimaron que había méritos suficientes para abrir una investigación penal contra el jefe de estado.
Sin embargo, el 6 de julio de 1996, por 111 votos a 43, se decidió archivar los cargos contra Samper. El proceso fue dado por “precluido”, esto es, Samper no fue considerado ni culpable ni inocente.
Como resultado de ese proceso, Samper se convirtió en una especie de leproso para el departamento de Estado y le fue revocada la visa de ingreso a Estados Unidos.
Años después, Samper publicó un libro, Aquí estoy y aquí me quedo en que acusó a su rival político Andrés Pastrana de participar en una conspiración para sacarlo del poder.
En el libro Samper reveló que en octubre de 1996 tenía dispuesto un "plan de contingencia" para el caso de que, mientras permaneciese en Nueva York, con el propósito de dar un discurso en la Asamblea General de la ONU, fuese detenido y procesado en Estados Unidos por narcotráfico.
Eso habría incluido la ruptura de relaciones diplomáticas y la hipótesis de su propio suicidio con una pastilla de cianuro.
Si bien era factible la ruptura de relaciones diplomáticas entre Washington y Bogotá, lo de la pastilla de cianuro parece un cuento chino. Un hombre que resiste tantos balazos sin inmutarse, debe tragar pastillas de cianuro como otros consumen caramelos.
EL LÁZARO DE AMÉRICA LATINA
En julio de 2006, el entonces presidente de Colombia Álvaro Uribe le ofreció a Samper la embajada de su país en Francia. Furioso por ese ofrecimiento, el expresidente y embajador de Colombia en los Estados Unidos, Andrés Pastrana, renunció al cargo y criticó la decisión de Uribe.
Grupos políticos, numerosos medios impresos y distintos sectores de la sociedad colombiana armaron un formidable berrinche por la decisión de Uribe, todas repletas de calumnias. Al final, abrumado por tantas blasfemias, Samper rechazó la oferta.
Ahora Samper lidera Unasur, y enfrenta, nuevamente, un momento muy difícil de su carrera, especialmente intentando convencer al mundo que Venezuela es una democracia, donde existe la división de poderes, y que se puede circular por sus calles sin necesidad de escoltas. Seguramente saldrá tan inmaculado e invulnerable como siempre.
Vale la pena recordar que de los 13 disparos que recibió en el atentado de 1989, cuatro de los proyectiles siguen alojados en su organismo, sin que al parecer le causen excesivas molestias. Además, a diferencia de Superman, el secretario general de Unasur nunca fue afectado por la kriptonita.
TALCUAL DIGITAL, 8 DE MARZO DE 2015.
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